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Un lienzo digno de Don Juan Tenorio
A.B.P. David Márquez, dueño de la Hostería del Laurel, junto a Ricardo Suárez
Ricardo Suárez se enfrenta a la cocina de la misma forma que al arte. «Una receta es como una obra: necesita su tiempo de reflexión, de elaboración y que el resultado sea sobresaliente». Por ello, este pintor confiesa que no siempre puede perderse entre fogones: «Me gusta dedicarle tiempo a los platos y, con la acelerada vida que llevamos, es difícil. No cocino tanto como me gustaría».
Aún así, cuando lo consigue, los resultados que logra son excelentes. «Aprendí de mi padre, que era un magnífico chef, todo lo que sé sobre la cocina», explica el artista de San Juan de Aznalfarache.
Aunque en su faceta artística sea adepto de la tendencia contemporánea, en la gastronomía prefiere la tradicional, «de cualquier país, eso sí», asegura.
Entre su recetario habitual se encuentran platos como la carrillada de cerdo, el redondillo, el pavo guisado o el atún rojo en todas sus variedades. «En mi casa gustan las recetas muy elaboradas», explica el artista consciente de que la moderación no es una de sus virtudes en la cocina. «Me encantan los platos llenos, a rebosar y, por supuesto, hacer barquitos en la salsa. Para mí es todo un lujo», afirma al tiempo que recalca que «así se disfruta más de la comida».
Experto en pescados de la zona de la Bahía de Cádiz -herencia de sus veranos en Barbate- Ricardo Suárez se decanta por una dorada con gambas y almejas para elaborar una rica receta en la mítica Hostería del Laurel, en la Plaza de los Venerables.
Escenario de algunas de las hazañas de Don Juan Tenorio, este restaurante, al frente del que se encuentra David Márquez, le sirve al pintor para recrear un plato sabroso y de sencilla elaboración realizado con algunos manjares procedentes del mar. «La pena de la cocina es que el resultado del trabajo se acaba en un momento», afirma Suárez con resignación. Aún así, él no pierde ninguna oportunidad para degustar recetas nuevas y exóticas. Afirma haber comido numerosos animales, entre ellos, una serpiente pitón. «Me atrevo con casi todo en la cocina», recalca Suárez que, siguiendo la estela de otros pintores que encontraron en la cocina una forma más de expresión artística, emplata la dorada como quien culmina una obra maestra.
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