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Actualizado Miércoles , 07-04-10 a las 06 : 10
Elogio del liberalismo se titulaba aquel primer artículo que firmé en este periódico. Elogio de un liberal se titula el de hoy. Don Guillermo, como se le sigue llamando al patrón entre los que tuvieron la dicha de tratarlo, encarnó ese espíritu liberal sin el cual es imposible entender la historia de ABC. Porque el liberalismo no es una ideología sometida al cauce y la cuadrícula, sino un viento que sopla y que todo lo anima. El liberalismo es patrimonio del alma y de la inteligencia. Ya se dijo antes: un espíritu que nada tiene que ver con los entramados ideológicos que tratan de explicar el mundo para someter a sus habitantes.
Liberalismo y ABC siempre han ido unidos, como las dos caras de una hoja del periódico. Por eso no es extraño que en días como éste, cuando se despide a uno de los hombres que más hizo por la recuperación de las libertades en una España donde todo el mundo tuviera cabida, su periódico saque a la luz los turbios tejemanejes de los nostálgicos del totalitarismo. Son los mismos que acusan de lo que ellos practican a quienes se atreven a denunciar sus métodos anquilosados en la doctrina del pensamiento único.
No podemos caer en la trampa de un republicanismo impostado y tendencioso. Porque el debate de fondo no es la forma de Estado. ¿Monarquía o República? No. Engañan quienes así lo plantean y se dejan engañar los que caen en la trampa para dárselas de progres. El debate está en el liberalismo que impregna, o no, a esa fórmula. La monarquía parlamentaria nada tiene que ver con la república totalitaria —no confundir con la liberal, tan denostada por los que la llaman burguesa— que pretenden colarnos los que aún defienden a los mayores genocidas de la historia de la humanidad.
El mejor homenaje que se le puede brindar a un liberal como Guillermo Luca de Tena es precisamente ése: la defensa pública de las libertades que nos han permitido el mayor periodo de democracia en nuestra convulsa historia. Frente a los que defienden un separatismo manchado por las garras del terror, la España abierta, plural, rica de ideas y de proyectos. Por eso a un liberal de esa talla no se le puede escribir nunca una elegía, sino un elogio. Porque su obra está viva. Para comprobarlo sólo hay que acercarse al quiosco, ese templo de las libertades, para comprar el periódico que tanto amó.
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