Valoración:
Actualizado Jueves , 15-04-10 a las 07 : 04
Lo que son las cosas, Cangui. Quién nos iba a decir que, con una diferencia de medio siglo, íbamos a escuchar la misma frase en bocas de la misma familia, y las dos por las mismas razones. El alcalde de Sevilla, en las vísperas de su adiós, dicen que dijo como el fandango de Huelva: «Aunque me voy, no me voy; / aunque me voy, no me ausento…» Cierto, porque se queda a vivir en la ciudad, donde le deseamos muchos y prósperos años. Pero fíjate, Cangui, que en la tribu, hace medio siglo, año arriba, año abajo, un familiar del alcalde de Sevilla, que fue alcalde entre nosotros, cuando ya sabía que se iba de la tribu le organizaron un homenaje, seguramente muy merecido. Por entonces, el cura que estaba en la tribu era partidario de ir introduciendo en la sociedad más acomodada a cristianos de base, gente del campo y el pinar, y para el acto de despedida del ex alcalde se llevó, entre otros, a Frasco, hombre del pinar y de boca ancha para los tacos. Frasco fue porque en el convite había bebida, que le tiraba, y lo sentaron en una larga fila frente a botellines de Cruzcampo entre los que había abridores, que entonces era autoservicio. Frasco, como veía que nadie abría el botellín, se abstuvo de hacerlo, pero andaba golpeando musicalmente el abridor sobre el cristal de la apetecida botella. Llegó el turno de palabras. Habló un compañero del ex alcalde, hablaron amigos hasta contarse cuatro o cinco, y a Frasco la hora le quemaba en el paladar, loco ya por abrir el botellín y apurarlo de un trago. Y venga gente a la tribuna, y vengan discursos de si lo bueno que ha sido, lo servicial, lo honrado…, ya sabes tú, Cangui, lo propio, que los homenajes y los entierros tienen mucho en común, sobre todo por la parte de hablar bien del personaje.
Frasco no paraba de golpear el botellín con el abridor. Subió, para despedirse de todos, el homenajeado. Y habló. Y habló, Cangui, con las mismas palabras que ha dicho su sobrino: «Aunque me voy, no me voy; aunque me voy, no me ausento… Porque, claro, sí, es cierto que me voy, pero ¿cuánto mío se queda entre ustedes? Sí, me voy, pero no me voy, porque aquí dejo muchos años de trabajo, la niñez de mis hijos, mis alumnos, mis años en la Alcaldía… Me voy, sí, pero no me voy...» Frasco, que ya estaba seco, le toca con el codo al de al lado y le pregunta: «Que yo me entere, ¿el tío éste se va o no se va?» Cursemos, Cangui, la misma pregunta al sobrino.
barbeito@abc.es
Valoración:

Enviar a:

¿qué es esto?


Más noticias sobre...