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¡Viva el alcalde manque pierda!
FICHA
Autor: Kako Rangel
Fecha: 15 de abril de 2010
Pie de foto: El alcalde de Sevilla, Alfredo Sánchez Monteseirín, en actitud festiva durante la rueda de prensa en la que anunció que agotará el mandato y presentó a su nuevo equipo.
Actualizado Sábado , 17-04-10 a las 18 : 14
El clamor popular retumba en el anfiteatro de la Plaza Nueva. Es la proclama de la legión bética romana. ¡Viva el alcalde manque pierda! Porque a ver si nos enteramos ya de que Monteseirín no es resultadista. Se queda porque el pueblo se lo pide a gritos. Y él lo celebra con un beticismo rampante. Loperiano, diría yo. Alfredo Sánchez Monteseirín es el Lopera del Ayuntamiento. Dice que se quiere ir pero es mentira. Llama clamor popular al apoyo de sus cuatro voceros y tilda de exaltados a los cientos de sevillanos que le increpan por la calle. Anuncia grandes obras pero las contrata sin proyecto de ejecución... El alcalde sigue al dedillo la escuela del dueño del Betis. Gestiona el sentimiento de los sevillanos como si fuera su propietario. «Yo los conozco muy bien y sé lo que quieren», repite una y otra vez con su peculiar espíritu de tolerancia. De manera que esa omnipotencia que le eleva hasta el trono de la superioridad ideológica y moral aboca a Sevilla a las mismas ciénagas en las que naufraga ahora su Betis de su alma, que es también el mío. Esa dictadura blanda —uso el sentido etimológico del vocablo— ha puesto en peligro las esencias de la ciudad y del equipo partiendo de una brutal falacia: el amor incondicional al escudo. Ni Lopera se ha dejado la vida por el Betis, ni Monteseirín por Sevilla. Tanto es así que el alcalde lleva varios meses ya mendigando un puesto político de relevancia en cualquier lugar en el que se cobre bien para abandonar entonces el sillón de la Plaza de San Francisco. Por pedir, ha pedido hasta la Embajada del Vaticano. Lopera pide una millonada para salir del Betis y Monteseirín exige un retiro dorado para salir de Sevilla. Y lo peor es que el que llegue no sabe lo que se encuentra. Agujeros negros, desvíos presupuestarios, empresas sin control... Y el juzgado. El número seis, concretamente. Allí se rastrean los desmanes del Betis y los de Mercasevilla en un intento de rebajar los humos de la impunidad a los todopoderosos. Monteseirín ya ha visto al primero de los suyos entre barrotes. Lopera ya ha visto su primer antecedente judicial impreso en su expediente. Porque son clavados. El dueño del Betis tiene a la oposición en su propia casa. Y el jefe de Sevilla celebra las derrotas abusando del «manquepierdismo». Él lleva meses comportándose como el futbolista arisco que quiere salir del equipo en su último año de contrato para irse a ganar dinero al fútbol qatarí. Pero la oposición de su casa le ha obligado a cumplir con su ficha. Y ahora sale el tío a los medios para manifestar su gran alegría por haberse quedado. Lo que demuestra que José Antonio Viera es mucho más potente que Por Nuestro Betis, Béticos por el Villamarín y la Fundación Heliópolis juntos. Monteseirín se queda, como Lopera, porque no ha encontrado quien le dé lo que pide. La única diferencia es que el del Fontanal hace lo que le da la gana y el alcalde actúa como un títere. O como un guiñapo. Porque hace falta ser indigno para hacerse una foto como ésta. Una cosa es que viva el Betis manque pierda y otra muy distinta celebrar una derrota. Por eso éste es un alcalde de Segunda. Porque, como le recriminaba Caracol el del Bulto al tren cuando pitaba por los llanos de La Mancha, no ha sido capaz de echarle cojones a la cosa en Despeñaperros.
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