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La historia del deporte está repleta de casos de féminas que han hecho de su vida una constante superación personal
Actualizado Martes , 27-04-10 a las 21 : 36
La española Edurne Pasabán y la coreana Oh Eun Sun han dirimido un fabuloso reto en las cumbres en pos de las catorce cimas del planeta por encima de 8.000 metros. Un ejemplo de superación que retrata una especie dentro del deporte: la pelea de la mujer por hacerse hueco en un ámbito machista. Ellas han buscado sus límites y muchas han alcanzado el Panteón de Agripa, el templo de los dioses.  
Los 15 títulos de Sheila Herrero
Nadie en España, ni siquiera Ángel Nieto con sus 12+1, ha acaparado más títulos mundiales que ella, aunque probablemente nadie sea tan misteriosa y desconocida como Sheila Herrero. En su hoja de servicios luce orgullosa quince campeonatos del mundo de patinaje de velocidad en línea, pero sería tarea compleja que muchos españoles la pusieran cara y ojos, salvo para los nativos de su ciudad, Zaragoza. Esa clandestinidad fue su compañera de viaje, junto a la soledad de los entrenamientos en el gimnasio y la carretera. Hija de un albañil zaragozano, ella misma trabajó como peón de obra y en un taller de electrónica mientras acumulaba títulos mundiales. Consiguió su primer contrato profesional en Estados Unidos, después en Italia, nunca en España. En su inacabable trayecto a bordo de los patines, Sheila abarcó 108 campeonatos de España en diversas categorías y 135, de Europa. La mejor patinadora del mundo, una suerte de Michael Jordan en rueditas, se retiró joven hace seis años (cuando tenía 27), desmotivada ante la indiferencia general y de los patrocinadores en particular. 
Jeannie Longo, inoxidable
Mujer contra mujer
Cuando la ciclista francesa comenzó a trasladar medallas de oro a las vitrinas de su casa, no había caído el muro de Berlín y España aún no había puesto nombre al Naranjito. Muchos de los lectores actuales ni siquiera han conocido esos símbolos de una generación. Para entonces, Jennie Longo ya ganaba mundiales, medallas olímpicas y campeonatos nacionales. Una mujer inoxidable y silenciosa, ejemplo de longevidad y equipada de serie para la alta competición. Tiene 51 años y no ha propuesto todavía una fecha para su retirada. Antigua practicante del esquí, su vida giró hacia el ciclismo por su marido, Patrice Ciprelli, con el que vive en pareja, sin hijos y recluida del ruido y el asfalto en los Alpes franceses, rodeada de marmotas, cerca del legendario puerto del Galibier. Así ha conquistado 38 récords del mundo, trece títulos mundiales, 56 campeonatos de Francia (el último, en 2009, con 50 años) y cuatro medallas olímpicas. 
Judit Polgar, neuronas a cien
Mujer contra mujer
Con 15 años, la húngara Judit Polgar ya había sido reconocida como gran maestro internacional, una distinción que ni el enigmático y fascinante Bobby Fischer consiguió tan joven. Con 18 años ya se codeaba con los mejores jugadores de ajedrez del planeta. Con 21 alzó su primer trofeo internacional, el Abierto de los Estados Unidos. Y con 26, retó por enésima vez al ogro de Bakú, Gari Kasparov. Después de una interminable cadena de derrotas –no hay nada peor que perder al ajedrez-, Polgar doblegó en aquel desafío al considerado mejor jugador del mundo en las últimas décadas. Y lo hizo en un escenario emblemático, el Kremlin. Hasta ese punto la condujo su padre, un pedagogo enamorado de este juego que se negó a que sus hijas acudieran al colegio con otras niñas y las educó en las artes del tablero. Ella es la mejor ajedrecista de la historia. 
La voluntad de Rienda
Mujer contra mujer
Laboriosa y testaruda en su empeño por convertir el esquí en un deporte mediático en España, la granadina María José Rienda se ha dejado las rodillas en el intento. Dos graves lesiones, en 2006 y 2008, casi la dejan KO sobre las pistas blancas. No fue así porque Rienda ha conocido otras limitaciones, la de una familia muy humilde siempre al borde de las privaciones. Y por ahí, por una casualidad, ingresó en el esquí. Su padre estaba en paro en 1983 y se interesó por un anuncio en el que ofrecían la portería del edificio Kilimanjaro, en la estación invernal de Sierra Nevada. Aceptó el trabajo y cambió la vida de su hija. En el colegio de la montaña no se impartían clases de educación física, porque los profesores no podían subir y bajar cada día el interminable puerto del sur (casi 40 kilómetros). Y en vez de eso, Rienda daba clases de esquí. Su voluntad la ha transportado a cinco participaciones en los Juegos Olímpicos y a seis victorias en la Copa del Mundo. 
El sexo de Semenya
Mujer contra mujer
La confusión interna ha triturado los éxitos de Caster Semenya, la atleta surafricana que no ha podido disfrutar ni un segundo de su título como campeona mundial de los 800 metros. Apenas ganó, surgió la pregunta: ¿es hombre o mujer? Ella insistió siempre en su condición femenina, pese a que los test de verificación de sexo a los que sometió antes del Mundial de Berlín certificaron que poseía unos niveles de testosterona tres veces superior a lo habitual en un chica. Conquistó su oro entre la controversia y, unas semanas más tarde, la Prensa desveló el misterio. El Daily Telegraph reveló que Semenya posee una anomalía cromosómica: no tiene útero ni ovarios, sino testículos internos. Un hermafrodita. La Federación Internacional de Atletismo no la ha arrebatado su medalla ni su premio, pero tampoco ha confirmado que pueda participar en el futuro como mujer. 
Mujer contra mujer
Hayley Wickenheiser, contra hombres
Pionera en su especie, esta canadiense fue la primera mujer que se aventuró a medirse a los hombres en la terrible NHL, la liga profesional americana de hockey sobre hielo, la de las peleas a puñetazos con los árbitros mirando. Sólo aguantó físicamente una temporada, 2003, en la que jugó 23 partidos, anotó dos goles y repartió diez asistencias. Ejemplos de mujeres en mundos de hombres hay suficientes. La golfista Annika Sorestam retó a Tiger Woods y demás congéneres en el Colonial de 2003, Billy Jean King derrotó al tenista Bobby Riggs en un partido en 1973. O María Teresa de Fillipis, la primera mujer que pilotó un volante en la Fórmula 1, allá por el lejano 1958.
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