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Publicado Viernes , 30-04-10 a las 07 : 04
Dice el ministro Gabilondo que hasta aquí ha llegado su capacidad de consenso en relación al pacto político y social sobre educación. Que hasta aquí ha llegado su capacidad de diálogo. Que hasta aquí ha llegado en su búsqueda de puntos de encuentro. Que hasta aquí han llegado sus posibilidades de negociación con los partidos políticos, con los sindicatos y con la comunidad educativa. Y que no puede hacer más. Es decir, que el propio ministro de Educación pone en solfa una de las principales máximas en las que se basaba EpC: El diálogo como fórmula para superar los conflictos.
Y de su palabras y del documento elaborado por el ministerio que dirige Gabilondo sobre el pacto educativo deducimos que las demandas de las familias no tienen cabida en el pacto. No son cuestiones sobre las que quepa el diálogo o el consenso, pues hasta aquí ha llegado en su convencimiento político-democrático de búsqueda de soluciones a los conflictos educativos.
Por eso, no encontramos ni una sola referencia, ni una sola medida, ni una sola propuesta, dirigida a garantizar el derecho de las familias a elegir la educación de los hijos. No encontramos ni una sola referencia, medida o propuesta sobre cuáles son los mecanismos que tienen las familias para hacer efectivo su derecho a la objetividad y a la neutralidad ideológica en la enseñanza. Ni una sola medida, referencia o propuesta sobre la supresión o revisión de contenidos curriculares en materias que como EpC o Ciencias para el mundo contemporáneo, configuran hoy día una obra de ingeniería educativo-social cuyo objetivo no confesado es la transformación sustancial de nuestra sociedad imponiendo un nuevo código o sistema de valores basado en el relativismo, el positivismo, o en la capacidad del hombre para gestionar la propia vida humana, con lo que se da fácil entrada al aborto, la eutanasia, clonación, el niño medicamento, etc.
Ni una sola medida, referencia o propuesta sobre educación sexual responsable, y no la que se viene impartiendo fundamentada en la ideología de género, que promueve la homosexualidad y la promiscuidad sexual, el autoestímulo o masturbación, el póntelo, pónselo y la PDD, el aborto como solución a un embarazo no esperado, la que incita a tener relaciones sexuales entre adolescentes menores de edad. Ni una sola referencia, medida o propuesta tendente a articular la forma en la que las familias pueden ejercer su derecho a oponerse a que los hijos estudien contenidos que se opongan a sus convicciones morales o religiosas, tal y como lo afirmó el Tribunal Supremo en su sentencia de febrero de 2009. Ni una sola referencia, medida o propuesta sobre la participación de las familias en los procesos de inspección, revisión o fiscalización del material didáctico a emplear en las aulas o sobre actividades escolares, exigiendo la previa autorización expresa de las familias para que sus hijos menores de edad participen en ellas.
Ni una sola referencia, medida o propuesta que configure el concierto educativo como instrumento de cumplimiento del mandato constitucional de gratuidad de la enseñanza, como subvención a las familias o al alumno. Ni una sola referencia, medida o propuesta que garantice la adecuación de las unidades o plazas escolares concertadas a las demandas reales y efectivas de las familias. Ni una sola referencia, medida o propuesta tendente a suprimir de los procesos de escolarización la zonificación o zonas/áreas de influencia, subordinando la planificación escolar al derecho de las familias a elegir centro educativo. O ni una sola referencia, medida o propuesta que haga ,efectivo el derecho de las familias a que sus hijos reciban formación confesional o religiosa que este de acuerdo con sus convicciones, aun que sí promete, como propuesta trampa, el plato de lentejas por el que puede venir la traición, de retomar las negociaciones sobre la revisión de la financiación de los conciertos.
Estaba convencido de que el Pacto político y social sobre educación no podía obviar estas cuestiones que son las que configuran verdaderamente el derecho a la educación y a la libertad de enseñanza que se establecen en el art. 27 de la Constitución. Je. Iluso de mí. ¿Qué no lo podía obviar? Lo cierto es que no sólo no tienen cabida en el pacto, si no que además se trata de temas sobre los que el ministro Gabilondo no tiene capacidad alguna de negociación o consenso. Y adelanta que su pacto va a obligar a reformar algunos artículos de la Ley Orgánica de Educación. A los que yo añado también otros artículos de Ley orgánica del derecho a la Educación, e incluso que deja vacío y sin contenido, a la propia Constitución.
Y ante esta falta de capacidad o de voluntad de maniobra democrática para la configuración de un sistema educativo en la que tengan entrada o cabida todas las familias, de modo que se garantice el respectivo derecho a educar en libertad, aflora inevitablemente la pregunta ¿Y por qué? ¿Qué busca el ministro Gabilondo con el pacto educativo? Yo no creo que sea la imposición del pensamiento único. Y usted, ¿qué opina?
Pues eso, que hasta aquí hemos llegado con el pacto educativo. ¡Y chitón!
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