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Lunes
, 03-05-10 a las 14
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En esta espiral de pamplinas que el bibianismo recalcitrante está tratando de aplicar a nuestra vida cotidiana, hemos llegado ya a un precipicio extremadamente peligroso: la prohibición que atenta contra la libertad constitucional. O contra el sentido común, que es lo mismo. Ahora la benefactora de la Igualdad de sexos ha montado un escuadrón de patrulleros que velan por el correcto uso de la lengua para que hombres y mujeres sean tratados con total equilibrio. Es algo así como lo que el Consejo Audiovisual ha exigido a Canal Sur: que en los informativos haya el mismo número de noticias para nosotros que para ellas. Un poner: un camionero provoca un accidente en tal carretera. Urgentemente la redacción se tiene que poner a buscar una camionera que haya hecho lo mismo. Para compensar. Tal dislate, que tendría cierto éxito como chiste, puede servir de paradigma de la cómica defensa que algunas mujeres poderosas hacen de la igualdad. Porque quieren imponer un uso determinado del lenguaje sin tener ni pajolera idea de lo que hablan. Por ejemplo, a su labor por lograr equipararse socialmente a los hombres, para la que pueden contar conmigo, la llaman Igualdad de Género. Ignoran que el género es algo que sólo pertenece a las palabras. Las personas no lo tenemos. O tal vez lo que pretenden es simplemente eso: cambiar la gramática. De momento no lo han intentado dialogando, sino coaccionando. Conozco un caso directo en el que el Ministerio de Igualdad de Bibiana Aído ha presionado a un empresario para que retire de una página de internet en la que se ofrece trabajo un anuncio en el que solicita un diseñador gráfico. La excusa es que dicho reclamo tendría que haber ofrecido empleo a «un diseñador/a gráfico/a» para ser correcto. Políticamente correcto, claro. Porque el anuncio es perfecto en todo lo demás. Los agentes de igualdad, sin embargo, han conseguido que se retire esta oferta laboral justo cuando el paro ha alcanzado su Himalaya. So pena de multa. Y lo más curioso es que el empresario ha recibido más currículos de mujeres que de hombres, porque ellas no se han dado por aludidas. Quizás porque estudiaron y aprendieron lo que recoge aún la Nueva Gramática de la Real Academia: «En la designación de seres animados, los sustantivos de género masculino no sólo se emplean para referirse a los individuos de ese sexo, sino también para designar la clase que corresponde a todos los individuos de la especie, sin distinción de sexos» (Pág 85, epígrafe 2.2a). Así que la policía de Igualdad está vulnerando la libertad del empresario mientras el parlamento no derogue la Gramática española. Más claro: si yo digo que quienes hacen grandes tonterías son tontos del haba, también me estoy refiriendo, por supuesto, a las mujeres.

