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Actualizado Miércoles , 26-05-10 a las 07 : 10
Alfredo Sánchez Monteseirín y su amigo Manuel Marchena forman una AIE: Amistad de Interés Económico. Con un Ayuntamiento endeudado hasta el borde del precipicio, vulgo bancarrota, el mejor amigo del alcalde cobró el pasado año 170.749,2 euros. Menos mal que la cifra la ha incluido en un reportaje sobre los «cienmileuristas» municipales el diario «El País». Si hubieran sido otros, el mismo alcalde habría vuelto de Turquía o de Río de Janeiro para desmentir la información y para acusar de mentiroso a quien hubiera publicado la cifra. Hagan cuentas y se darán cuenta del cuento. Manuel Marchena, más conocido como Pincelada en los reservados de los mejores restaurante de la ciudad donde paga con la VISA Gañote, está llevando a la ruina a las empresas municipales que dirige mientras su sueldo duplica con creces el salario del presidente Pepe Griñán, antes José Antonio.
Que no nos venga ahora el alcalde de las facturas falsas y los viajes ocultos con la milonga, un palo del flamenco que se le daba divinamente al otro Marchena. Aquí no se trata de pagar un buen sueldo a un gestor que gana ese dinero en la empresa privada. Porque Marchena no es nadie en el mundo empresarial. Nadie. El único mérito que lo ha elevado a la figura de valido del alcalde es su amistad personal con Alfredito Buena Gente. Es tan bueno el regidor que trata a su prójimo amigo mejor que a sí mismo: dentro de nada se lo llevan al Vaticano, pero no como embajador, sino para beatificarlo.
Este artículo no se escribe mojando la tinta en el odio que destilan estos nuevos señoritos que viven del erario público a cuerpo de rey. ¿De dónde les vendrá ese rencor que no pueden disimular? Este artículo sólo pretende ser un recordatorio para la ciudadanía, como se les llama ahora a los sevillanos que tienen que buscarse las habichuelas con su trabajo. Que no vuelva a ocurrir nunca más algo parecido. Que no emponzoñen más las cuentas con las setas venenosas de la Reencarnación. Que no se derroche el dinero en tejer redes clientelares mientras los barandas trincan el manso y el bravo. Y una utopía: que la ciudad se levante cual Ave Fénix de las cenizas de su milenaria cobardía para echarle en cara al poderoso sus vicios y sus mala costumbres. Si eso fuera así, bendito parné el que se ha llevado Manuel Marchena por ser el mejor amigo del alcalde.
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