El trabajo de su padre -era militar- hacía que se desplazara cada cierto tiempo de una base a otra. Ya de adulto, Gary continuó con ese estilo de vida errante, hasta que en los 90 aterrizó en Sevilla para (casi) quedarse. De hecho, es un experto en gastronomía y vinos españoles, algo que le apasiona, aunque este canadiense de 56 años también es escritor y ha colaborado en la radio en el programa 'Herrera en la onda'.
Ya de adulto, Gary continuó con ese estilo de vida errante, hasta que en los 90 aterrizó en Sevilla
En cuanto a la gastronomía, Gary confiesa que cuando está fuera de Sevilla come tanto en restaurantes que al regresar sólo quiere ir de tapeo con los amigos. "Me encanta el ritmo al que se come aquí. Lo que más me gusta es el jamón, además ahora he aprendido los sitios donde mejor lo ponen. En realidad, cualquier parte del cerdo está buena, pero también me gusta probar las tapas de cada época, como las espinacas o el bacalao con tomate".
Me encanta el ritmo al que se come aquí. Lo que más me gusta es el jamón
Católico «converso»
"En canadá, mi familia es protestante, pero después de tres o cuatro años decidí convertirme al catolicismo". Gary Bedell guarda una estrecha relación con la hermandad de Los Javieres -"tengo ya un número muy bajo, lo que me da mucha alegría"- asegura-. De hecho, cada vez que baja al Centro, una de las primeras cosas que hace es ir a la Iglesia a "hablar un ratito" con el Cristo de Las Almas, con quien siente una estrecha unión desde que comenzó a salir como costalero, algo que hizo durante catorce años. En este sentido, recuerda con especial cariño el Martes Santo en que vinieron algunos bomberos que trabajaron en la zona cero tras el atentado contra las Torres Gemelas de Nueva York. "Van a repetir visita, algunos de ellos ya con sus hijos". Gary ha demostrado ser un apasionado de la Semana Santa, de la comida sevillana y del Rocío (hace el Camino con la hermandad de Gines). Pero aunque está completamente sevillanizado, asegura que nunca renunciará a sus raíces. "Seguiré teniendo pasaporte canadiense, además dentro de unos nueve años, cuando me toque jubilarme, iré a Canadá a por mi pensión, que es mucho más grande que las que pagan aquí -sonríe-".
Pero cuando toca ponerse serio, Gary Bedell asegura que estará aquí trabajando "hasta que me echen o hasta me que me vea de viejecito en silla de ruedas bebiendome mi manzanilla todas las tardes".


