El director artístico del Teatro Maestranza y de la Real Orquesta Sinfónica de Sevilla. Pedro Halffter, afronta un momento delicado al frente de las dos joyas culturales de la ciudad. Tras seis años de «vacas gordas» en los que se amplió, año tras año, el presupuesto para la programación, e incluso se realizaron unas ambiciosas obras de ampliación que permitieron a elevar de cuatro a seis o siete el número de óperas que podrían verse durante la temporada, toca ahora apretarse el cinturón y no sólo un agujero. El Ayuntamiento le ha quitado nada menos que un millón de euros (un 70 por ciento de su aportación) mientras los demás socios del teatro (Ministerio, Junta de Andalucía y Diputación Provincial) mantienen a duras penas la suya, pese a sufrir también grandes recortes en sus presupuestos. Pero la filosofía del «maestro», como todos le llaman en el teatro y en la orquesta, es optimista: al mal tiempo, buena cara. Y su tesis no es otra que lo caro sale barato, una forma elegante de decir que lo barato sale caro.
—En la temporada 2010/11 se pierde un título de ópera respecto a ésta, en la que se han podido ver cinco, además de algo de danza y parte del ciclo de grandes intérpretes ¿La pérdida de recursos ha obligado a hacer este recorte?
—Por supuesto. Y ante esto lo que hemos buscado en el Teatro de la Maestranza es la calidad. Es el compromiso que tenemos con las instituciones y con el público.
—¿Pasó por su cabeza en algún momento dimitir cuando se enteró de que el Ayuntamiento le quitaba un 70 por ciento de su aportación, más de un millón de euros, al Teatro Maestranza, aparte de los 700.000 euros de la Sinfónica?
—No. Considero que es precisamente en este momento difícil cuando hay que mantenerse en los puestos para sacar adelante un proyecto a largo plazo como es el Maestranza. Yo confío plenamente en que el Ayuntamiento de Sevilla se recupere económicamente y entienda la importancia que tiene el Teatro Maestranza para Sevilla y vuelva a entrar en él en las mismas condiciones que antes. Y agradezco mucho a los otros tres socios, Ministerio, Junta de Andalucía y Diputación Provincial, el esfuerzo que han hecho para mantener su aportación al Maestranza.
—Todos los socios del Teatro hablan de mantener la calidad como una prioridad, salvo el Ayuntamiento, que ha pedido «óperas más baratas» para adaptarse a estos tiempos de crisis, ¿con qué se va a quedar?
—Hemos optado por menos títulos, pero manteniendo la calidad. Ése es, además, el encargo político que yo recibí de las cuatro instituciones como director artístico del Teatro de la Maestranza.
—¿Cree que el público de Sevilla consentiría pagar lo mismo por algo peor de lo que se le ha dado hasta ahora?
—Esa pregunta habría que hacérsela al público. Pero nosotros tenemos claro que debemos dar la máxima calidad posible, pero exprimiendo al máximo los recursos económicos disponibles.
—¿Cómo?
-Estamos ajustando los cachés a estos tiempos de menos recursos y tratando de reducir los costes de producción, como en el caso de la Fura dels Baus, para que los mejores títulos puedan seguir viéndose en Sevilla.
—La puesta en escena de la Fura dels Baus de «El oro del Rhin» que pudo verse en el Palau de las Arts de Valencia costó casi 3 millones de euros. ¿Cuánto le costará al Maestranza?
—Le puedo asegurar que menos de la tercera parte de esa cantidad, aunque no tengo la ahora la cifra exacta. Los gastos de alquiler de producción son más baratos que los del Covent Garden o el Teatro de Tolouse y también los gastos artísticos, tanto del director como de los cantantes.
—¿No es arriesgado, no obstante, embarcarse en un proyecto tan ambicioso, a cuatro años vista, y al mismo tiempo tan caro, como la tetralogía de «El anillo de los nibelungos» en este marco presupuestario?
-Son cuatro óperas de las que tres no son más caras, o al menos mucho más caras, que una ópera normal. «El oro del Rhin» costará lo mismo que «La mujer silenciosa», si hubiéramos hecho cuatro funciones. Incluso es más barata que cuatro funciones de «Doktor Faust». La última del ciclo sí es más cara, porque tiene coro, pero eso será para la temporada 2013/14 y confío en que para entonces habrá mejorado la situación económica.
—¿En esta apuesta por «El oro del Rhin» frente al montaje de Tolouse ha influido que la producción y la escenografía fueran cien por cien españolas?
—Colaborar con grupos españoles de la categoría de la Fura nos abre puertas y da prestigio al Teatro Maestranza, igual que colaborar con teatros españoles como el de Valencia o Bilbao, con los que nos planteamos hacer coproducciones. Y, además, nos va a salir más barato que traer a una producción francesa como la de Tolouse.
—La temporada próxima no hay ningún estreno nacional en el Maestranza, como lo fueron en su día «Lulú» o«Der ferne klang». Se está usted volviendo menos arriesgado...
—Hay cosas que son importantes y otras que son imprescindibles. Estoy muy orgulloso de que se hayan podido estrenar estas óperas en el Teatro Maestranza. Estos estrenos han constituido hitos en la historia del coliseo y han trascendido nuestras fronteras. Pero hay que adaptarse a la situación actual. Ahora toca apostar por caballo ganador y el gran repertorio. Para mí era imprescindible traer «La Boheme» o «Don Carlo». Cuando la situación económica mejore, volveremos a programar este tipo de títulos.
El público de Sevilla
—Siempre habla usted de lo bueno que es el público de Sevilla, de lo maravilloso y cálido que es, pero otros piensan que es, por el contrario, demasiado indulgente y «aplaudidor»...
—Para mí es una suerte tener un público como el de Sevilla. Y la generosidad con que trata el espectador sevillano a los artistas, es devuelta con creces al público, por lo tanto, se crea una sinergia muy positiva. Muchos cantantes, qué digo muchos, todos los cantantes que vienen a Sevilla, están deseando volver por muchas razones: por el público, por la ciudad, por el teatro y por la orquesta.
—En la Scala de Milán abuchean a uno de los mejores tenores del mundo como Roberto Alagna si no tiene un buen día, y no pasa nada. Aquí nunca se ha abucheado a nadie, ¿es que nunca han tenido una mala tarde en Sevilla?
—Creo que la generosidad del público sevillano nunca debería ser criticada. Es muy positiva porque crea algo único con el artista. La forma que tiene el público de Sevilla de desaprobar una actuación dudosa es distinta a la de Italia. Se hace con una secuencia distinta de aplausos que los cantantes saben distinguir perfectamente. La ovación que se llevó Mariola Cantarero en su estreno como Violetta en «La Traviata» fue espectacular. El público no tiene que abuchear para mostrar su reacción distinta ante un cantante u otro. Es muy expresivo. Pero también lo es el de Viena cuando nos obsequió con 20 minutos de aplausos en nuestra gira europea.
—Usted compara a la Sevilla musical nada menos que con Viena, la capital europea y mundial, por excelencia, de la música clásica. ¿No ha exagerado?
—Sólo hay dos ciudades en el mundo que se las relaciona directamente con la música y son Sevilla y Viena. Sevilla tiene una historia y un bagaje cultural tan importante como el de Viena. Y eso es algo de lo que debemos ser conscientes. Sevilla tiene un nombre y es una marca dentro del mundo. Por eso debemos impulsar cada vez más al Teatro Maestranza.
—Según un estudio de Deloitte facilitado a los medios por Remedios Navarro, gerente del teatro y la orquesta, por cada euro que se invierte en el Maestranza, la ciudad recibe tres euros, por distintos conceptos (turísticos, etcétera). ¿Ese dato cómo lo interpreta?
—Ese dato es revelador y demuestra lo importante que es tener una buena programación. Y es el núcleo, en mi opinión, de por qué hay que seguir apostando por el Teatro Maestranza en tiempos de crisis.
—¿El Teatro Maestranza es caro?
—En principio puede parecer caro, pero es todo lo contrario, porque reporta beneficios a Sevilla. Lo más caro son los valores intangibles, que es la imagen y la marca. Si mantenemos la marca de calidad del Maestranza, el teatro nos saldrá barato. Una apuesta, por ejemplo, como la de la Fura Dels Baus nos coloca en boca de todo el mundo musical, en todo el planeta. Y conozco gente que viene de fuera de Sevilla e incluso de fuera de España a ver óperas a Sevilla. Y eso llena hoteles y crea riqueza.
La música frente a lo vulgar
—Dijo en su discurso de ingreso en la Academia de Bellas Artes de Santa Isabel de Hungría que la música es un buen antídoto frente a «la ola de vulgarismo» que nos arrasa. ¿a qué se refería: a Gran Hermano, a Belén Esteban...?
—Creo que no hace falta ser más explícito porque los lectores se lo pueden imaginar. Por desgracia se ha perdido un valor que es el disfrute de la cultura, pero el disfrute de la cultura no es un valor a corto plazo. Escuchar una Traviata que empieza a las 8 y media y acaba a las 12 menos cuarto supone un esfuerzo y requiere una disciplina. Pero para 12.500 personas que han venido al teatro a verla se ha convertido en un placer. Hay que conseguir que sean más de 12.500 personas las que experimenten esto, aunque estoy absolutamente seguro de que si hubiéramos puesto dos funciones más, también las hubiéramos vendido. La ópera ha dejado de ser un espectáculo elitista.
—Algunos consideran que la ópera es, sin embargo, un espectáculo anacrónico en este de prisas siglo XXI de prisas.
—La ópera es un espectáculo que está evolucionando, igual que está evolucionando el cine. ¿Hacer una película en dos dimensiones, después de «Avatar», es un espectáculo anacrónico? Algunos dirán que sí, pero la mayoría dirá que no. La ópera, como el teatro, nunca podrá ser un espectáculo anacrónico porque es un espectáculo en vivo, con una orquesta tocando y unos señores cantando en directo.



