Sevilla

Sevilla / la última de

«Lo más erótico de Sevilla son los Alcázares y el follaje de sus parques»

Jesús Cotta, Licenciado en Filología y profesor

Día 21/06/2010 - 10.19h
GOGO LOBATO
El miércoles se presenta en la Cruzcampo el libro «Sevilla erótica», escrito por él y por Manuel Jesús Roldán. Un libro al dente y ardiente…
—Empecemos aclarando conceptos. ¿Sevilla maneja un erotismo recatado o practica el de tacón alto y raja en la falda enseñando muslo…?
—Si Río tiene un erotismo que es un torrente seminal, Sevilla, al contrario, es muy mediterránea en su sensualidad, casi un fresco pompeyano.
—Pero se insiste en que Sevilla es una ciudad rancia, casposa, de las que llevan las faldas hasta los tobillos de la señorita Rotenmeyer…
—Es un tópico más. La gente que viene a Sevilla se queda sorprendida de la elegancia de sus mujeres, que están como espolvoreada de canela. Yo vengo fuera de Sevilla y desmiento el tópico de la Sevilla casposa y rancia.
—No obstante, a lo largo de su historia, ha sido una ciudad muy julandrona…
—Santa Teresa en Sevilla dijo que aquí el pecado tenía más manos que en cualquier sitio. Yo creo que Sevilla siempre ha sido fresca, espontánea y sensual. Es la portada de la España simpática y alegre.
—¿Se podría decir que el erotismo de Sevilla radica en su poder de seducción?
—Su entorno es privilegiado: cielo, patrimonio, urbanismo. También por la sonrisa de sus hombres y el erotismo elegante de sus mujeres. Eso seduce mucho.
—Tenemos dos ejemplos recientes de caídos por su capacidad seductora: Cruise y Cameron. Ambos quedaron fascinados por la ciudad…
—A pesar de la vulgaridad cani y que el botellón hace estragos, Sevilla sigue siendo una mujer bañándose en una fuente que uno descubre de manera furtiva tras un cañaveral.
—Dicen que volverán que, en esto del erotismo, viene a significar que nuevamente caerán rendidos en los brazos de la ciudad…
—El que moja repite. El erotismo de Sevilla es fino, delicado e intenso. E invita a volver.
—¿Las setas son buenas para el erotismo sevillano?
—Me parecen siempre más alucinógenas que eróticas. La asocio a una Sevilla de silicona. Prefiero la que hay bajo las setas, la Sevilla de las teselas. Como dije antes: frescos pompeyanos.
—¿Encuentra alguna relación entre el marisco y el erotismo?
—Sí. El marisco ase asocia a la abundancia, a la compañía, al aperitivo y a la copa. Después de esa plenitud gastronómica viene la plenitud erótica.
—Se lo digo porque, en ese caso, el señor Torrijos sería un político estimablemente erótico, con su pipa y demás, ¿no?
—Muchos políticos, cuando hablan, deserotizan a la ciudad. Son ceñudos, serios, acusadores. El erotismo es todo lo contrario.
—¿La llamada erótica del poder tiene algo que ver con la señora Cospedal o eso va por otra ventanilla?
—(Risas) El erotismo surge una vez que están colmadas todas las necesidad. Y el poder ayuda a tener esa plenitud. Por eso surge ese erotismo con el poder.
—¿Qué es para usted lo más erótico que tiene esta ciudad?
—Los Reales Alcázares y ciertos rincones de sus parques. Algunos son escenarios maravillosos para el amor.
—¿Le gusta el follaje?
—Sí, es lo que más me gusta. Sin follaje todo es seco y pasto de las termitas. Es un regalo de Dios.
—El libro que se presenta esta semana está escrito junto con otro autor: Manuel Jesús Roldán. Me gustaría saber si durante el proceso de escritura se calentaban leyéndose uno al otro las historias escritas.
—Sí, porque en ese libro contamos lo que no se le cuenta ni a los sicólogos. Entonces leerlo unos a otros era como una terapia íntima y personal. Aunque lo escrito no se realizara nos llenaba de plenitud.
—En su caso, dónde mojó para ilustrar sus historias…
—Me ha mojado la lluvia de Sevilla, el rocío y cuento historias que me han pasado, que le han pasado a otros y que me gustaría que hubieran pasado.
—¿Alguna real, vivida por el autor, o son todas productos de una fantasía más o menos calenturienta?
—Hay alguna real. Pero no diré cuál.
—¿Imagina escribir un relato corto con Beyoncé vestida de mantilla y comiendo churros un viernes santo tras una madrugá vertiginosa?
—(Risas) Al final el relato sólo tendría interjecciones e imperativos. Me gustaría más vivirlo que escribirlo.
—Y esta otra: quedarse olvidado en el Museo Arqueológico y pasar una noche entera a solas con una Venus de mármol que poco a poco se va convirtiendo en cuerpo y alma…
—La pregunta resume muy bien el objetivo del libro. Convertir el arte en vidas y hacer real la fantasía.

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