Lo clubes de fútbol flipan con la reedición de la guerra televisiva, que amenaza con poner a todos en manos de un juez, vía ley concursal, por insolvencia sobrevenida. Las excepciones serían Real Madrid y Barcelona, claro está, a quienes les prestarían todo el dinero que hiciera falta aunque tuvieran que quitar la mortadela a los bocatas de Cáritas. El asunto lleva en los juzgados desde 2006 y consiste básicamente en una guerra comercial entre dos capullos: el de la rosa tradicional y el de la rosa cejuda. Por una vez, la capulla de la gaviota no tiene nada que ver.
La semana pasada, José María Cruz, director general del Sevilla, avisaba de que a corto plazo los equipos podrían sobrevivir sin la pasta televisiva, pero que a medio él se veía pasando el platillo en la esquina del Nervión Plaza mientras Manolo Vizcaíno tocaba el acordeón. Tan duro aventuran el futuro que han subido un cinco por ciento los abonos para la próxima temporada. A los funcionarios blanquirrojos, entre la mordida del cinco por ciento de Zapatero, el alza del precio del carnet y que vuelve Chevantón, les van a entrar ganas de cantar «y es por eso que no vengo a verte».
A Lopera el conflicto le da igual, porque en Segunda la cosa no da ni para las garrapiñadas que se zampa el busto en los descansos de los partidos. Sin embargo, se ha acordado de sus criaturitas y ha recortado los precios un cinco por ciento. Claro que para lo que van a ver debía pagar él a los aficionados. Por lo pronto parece que los mismos que descendieron al equipo y no lo supieron ascender, repiten. «El Betis no puede seguir así», decía el altavoz del club en su esperpéntica comparecencia el día del Levante. Apuesten a que puede ir mucho peor.
GRAN CAPITÁN.La decepción por el ascenso frustrado hizo que el adiós de Capi no tuviera la repercusión que merecía quien ha sido un grande del club de La Palmera. Rara fue la temporada en la que al camero no le buscaron sustituto para terminar siempre como titular. Quien quiera conocer a fondo a un bético de los pies hasta el cabecero de su cama, no puede perderse su biografía, «¡Oh, capitán, mi capitán!», de Manolo Méndez, un periodista de una pieza que se nos descubre además como un excelente escritor.
CRUYFF DIXIT PIXIE. La selección se enfrenta mañana a Portugal. Navas no estará. Al sevillano le ha pasado como a Capel, que no gusta a la prensa de Madrid y de Barcelona, pero a poco que los portugueses nos lo pongan crudo ya verán cómo Del Bosque recurrirá a él. Cruyff dijo del sevillista el otro día que no se puede hacer 20 ó 30 veces la misma jugada. Tiene razón. Le podían ayudar a ejecutar tres o cuatro distintas. Pero al Garrincha de Los Palacios le sobrará con la suya si no sabemos abrir la lata lusa. Lo mismo que él «aburre» con los centros, los delanteros podrían aburrir a los porteros contrarios rematándolos.
BUENOS Y MALOS.Un periodista deportivo presuntamente implicado en calumniar desde el anonimato de una página web; el responsable de la comunicación de un grupo opositor puesto a declarar ante el juez por su presunta participación en unas pintadas... Convendría recordarle a la profesión que al menos hasta hace muy poquito los malos, presuntos y confesos, eran los otros. Siempre.


