En el barrio de San Lorenzo ha existido un rincón casi escondido durante años que encerraba una enorme riqueza monumental: El Real Monasterio de Santa Clara. Construido sobre los restos del palacio del Infante Don Fadrique, segundo hijo del rey Fernando III El Santo, fue ocupado por las monjas clarisas en el siglo XIV y transformado a lo largo de los años en su arquitectura. En 1996 abandonaron sus muros las últimas religiosas de clausura y en el 2001 un convenio entre el Ayuntamiento y el Arzobispado hizo que el convento pasara a propiedad de la ciudad.
Originariamente, ocupaba toda la gran manzana flanqueada por las calles Becas, Lumbreras, Santa Clara y Hombre de Piedra y fue perdiendo huertas y jardines en pos de las ventas. Hoy, la conocida torre de Don Fadrique sigue siendo la veleta del barrio.
Aparecen pinturas
Son un total de 8.000 metros cuadrados construidos en los que la Gerencia Municipal de Urbanismo ha intervenido en 3.000 desde hace cinco años años. El presupuesto global de la obra que se ha realizado asciende a unos 8 millones de euros, pero aún queda mucho por restaurar.
El jefe del servicio de rehabilitación, el arquitecto Juan García Gil, dice que se ha hecho una obra importante que no se ve, «se ha actuado con muchísimo cuidado y sobre todo ha sido importante la labor de consolidación de muros y cubiertas. Además, en la restauración han salido a la luz una serie de escrituras murales que son del primitivo palacio de Don Fadrique y que hasta ahora no se conocían porque se habían encalado a lo largo de los siglos. En cualquier caso, hay artesonados que se han reconstruido y ello porque tenemos los artesanos que lo pueden hacer».
Se han desmontado paños de azulejo, reparado forjados, los asientos de caoba del antiguo refectorio, y en la zona de la ropería han aparecido una serie de pinturas murales, entre ellas una Virgen de inspiración guadalupana, que ha asombrado a más de un investigador. «Este convento guarda tantos secretos..., pero aún falta mucho por hacer», dice el arquitecto. Se ha restaurado medio claustro, el otro medio está por restaurar, sobre todo en la parte superior donde las pinturas murales aparecen por entre la cal. «El problema es que en estos edificios no puedes picar porque salen frescos por todos sitios».
Hay pinturas del renacimiento, siglos XVI, del barroco y de las distintas épocas, «cada siglo ha dejado una impronta». Asimismo, han aparecido numerosos enterramientos en la zona denominado capilla «De profundis», «donde se enterraban las monjas de clausura».
La obra, según todas las previsiones se terminará a mediados de septiembre y el Ayuntamiento tiene previsto abrir las zonas restauradas para el próximo mes de octubre ocupando las salas de exposiciones. Para ello, el acceso se realizará por la calle Becas y no por el compás tradicional de la calle Santa Clara, zona en la que no se ha intervenido aún. En la entrada se está realizando una estructura portable que permita el acceso a minusválidos y el control de seguridad.
Las nuevas zonas tendrán ascensor, aire acondicionado, tomas de internet y de electricidad adecuada a las exposiciones. En el 2009 el Ayuntamiento anunció un plan de usos culturales y anunció que se instalaría en Santa Clara la Casa de los Poetas (hoy parada y sin director); el Aula y el legado del compositor Manuel Castillo, la Orquesta Barroca de Sevilla, un centro de Música Histórica, la Fundación Mario Maya y la Orquesta Bética Filarmónica, entre otras. Pero parece que no va a ser así, y que al menos en un principio, será tan sólo una sala de exposiciones y dependencias municipales por definir. La crisis económica ha mermado los planes que se tenían y todavía no se conoce la dotación mobiliaria que llevará el edificio.




