En una de sus últimas apariciones por la sede provincial del PSOE antes del verano, el ex consejero Juan Espadas mantuvo diversas reuniones y recibió de sus compañeros de filas palmaditas en la espalda, sonrisas, apoyos y reconocimiento, como le había ocurrido en el tour realizado por las agrupaciones locales del partido durante mayo y junio. Tras concluir con las reuniones, ese día, Espadas salió a la calle y paseó un buen número de metros por la concurrida avenida Luis Montoto, una de las principales arterias de la ciudad que aspira a gobernar a partir del año que viene. La realidad, entonces, se hizo presente: nadie se paró a saludarle, nadie, siquiera, desvió la mirada para fijarse en él. La gente no le conoce.
Los datos que su propio partido maneja lo reflejan con nitidez. El grado de conocimiento del candidato se sitúa en estos momentos en torno a un exiguo 10% del electorado, motivo por el que el PSOE federal ha intentado quemar todas las naves para que se buscase una alternativa con más gancho a Espadas, respaldado por el aparato regional y provincial. Argumentan los menos confiados y algunos enemigos que, con mucha suerte, el aspirante gozará la próxima primavera de un nivel de conocimiento cercano al 50-55% de los votantes, cifra demasiado escasa para afrontar unos comicios locales tan importantes para los socialistas, que podrían perder una alcaldía clave.
Precisamente para contrarrestar lo antes posible ese argumento crítico, la cúpula provincial presionó para adelantar los tiempos del partido y designar a Espadas cuanto antes candidato oficial. Hubo movimientos rápidos y se placeó al ex consejero por las agrupaciones locales para ser conocido entre los suyos. Pero cuando ha tocado moverlo por la ciudad, por los auténticos caladeros de voto, las calles, los mercados, las asociaciones, el partido ha pinchado. Y sigue pinchando. Trascendió que el ex concejal Carmelo Gómez está supervisando el proceso, su «precampaña», pero desde luego no van a ficharlo para el equipo de Barack Obama a tenor de lo realizado este verano.
Y es que Espadas está haciendo justo lo contrario de lo que debería a menos de un año de los comicios. En vez de paliar ese déficit de popularidad tan enorme que tiene pateándose Sevilla y conociendo a sus vecinos, a sus entidades, el ex consejero lleva prácticamente dos meses fuera de la escena pública, veraneando a la espera de que su partido dé el pistoletazo de salida para las municipales. Iniciativa para adelantarse y empezar a calar entre la gente, desde luego, no está teniendo. Y eso que este verano sus oponentes políticos, Juan Ignacio Zoido y Antonio Rodrigo Torrijos, apenas están teniendo la presencia de cursos pasados, con lo que lo tendría más fácil. Así, es paradójicamente el alcalde saliente, Alfredo Sánchez Monteseirín, el que más se está dejando ver. Cosas de la política.



