Tras una década como alcalde, no puede concluirse, desde luego, que el mandato del socialista Alfredo Sánchez Monteseirín vaya a pasar a la posteridad por el cuidado que su equipo ha tenido a la hora de gastar el dinero ni por el esfuerzo en contención de gasto. El Ayuntamiento que va a dejar en unos meses estará endeudado hasta las cejas y gran parte de ese lastre se debe a la pésima gestión de las grandes obras de la ciudad, con las que no ha habido una actuación escrupulosa pese a la cantidad de dinero público manejado. De hecho, en esa penosa administración de las cuentas municipales, el alcalde y su gabinete han dilapidado al menos 110 millones de euros simplemente para cubrir los errores o imprevistos surgidos en las principales obras, alguna de las cuales, pese a su importancia, se adjudicaron sobre un boceto básico sin más cálculos de ejecución ni estudios o hasta obviando la presencia de redes de abastecimiento que están recogidas en cualquiera de los planos de
ordenación urbana de la capital. Y todo ello sin que nadie haya asumido responsabilidad por un desastre de tal calado pese a que esos 110 millones son más del doble del sobrecoste que se produjo en el Palma Arena —47 millones de desvío— y que llevó al ex presidente balear Jaume Matas ante los tribunales.
Los ejemplos son múltiples, aunque el propio Monteseirín se escuda, como ha hecho estos días al ser preguntado por la obra de ampliación de Fibes, en que «en otras ciudades» esos desfases «son mayores». «Esto es menos de lo que ocurre en otros sitios», dijo sin especificar, eso sí, de qué lugares se trata y a cuánto ascienden esos desfases. Lo que sí resulta irrefutable es que, por ejemplo, esa reforma y ampliación del Palacio de Congresos y Exposiciones se presupuestó en 68 millones de euros —al inicio del proyecto se habló de 51 millones, bastante menos— y ya está sobre los 80 millones de euros. Son ya más de 11 millones de euros los que se gastan de más en esta obra eterna a causa de los cambios de legislación para construir espacios escénicos o errores de cálculo que ahora afloran. Tantos han sido los entresijos de la obra que para acometerla se ha tenido que echar mano de la empresa municipal de la vivienda, Emvisesa, y ahogarla financieramente.
El paradigma del despilfarro, de todos modos, lo suponen las famosas «setas» de La Encarnación, que hoy debe vivir un nuevo hito en su construcción con la colocación de la plataforma sobre la propia plaza para conectar el parasol más separado, el que da a Puente y Pellón. Con Metropol-Parasol se van a pulverizar registros de sobrecoste, pues éste ya anda por unos 40 millones de euros, a los que hay que sumar los 16 que tuvieron que pagarse a Martín Casillas como indemnización por anular Urbanismo el primer proyecto para la plaza ideado por PSOE y PA. Este vanguardista edificio fue presupuestado en 51 millones de euros y tras aprobarse un modificado el coste asciende ya a unos 90 millones. Los trabajos se adjudicaron a Sacyr aún sin proyecto de ejecución y, por ello, hubo que replantear diversos cálculos. Un espanto de planificación.
Junto a Fibes y «setas», el desmadre presupuestario tiene el otro gran ejemplo en el tranvía, que cubre unos escasos 1,3 kilómetros y que ha terminado costando unos 100 millones de euros pese a que se había licitado inicialmente en 40 millones, más otros 19 por la compra de siete trenes. Un desastre de planificación teniendo en cuenta que, de arranque, este tranvía conectaría el Prado con la Plaza del Duque. Al final, el tren se quedó sólo en la Plaza Nueva.
En otros proyectos «estratégicos» de este gobierno el desajuste ha sido también destacable. La reurbanización de la Alameda de Hércules iba a costar unos 6 millones, pero el gasto finalmente fue de más de 9,5 millones. Algo similar ha ocurrido con el cruce subterráneo de Bueno Monreal, que se presupuesto en 5,8 millones... hasta que al excavar se «encontró» una gran tubería —señalada en el PGOU—, lo que ha provocado que el trabajo cueste dos millones más. El pabellón de La Paz, aún sin acabar, costará 1,5 millones más. Otro ejemplo más de improvisación


