La mejor definición de lo que se nos avecina en la Liga, en todas sus categorías, subcategorías y apéndices, se la leí al colega Lucas Haurie el otro día al final de su crónica del Levante-Sevilla: «Bienvenidos a Escocia». What is that? Pues eso es que habrá uno o dos equipos interesantes y un resto morralloso que se dedicarán a aburrirnos y a aburrirse mutuamente. Lo bueno de la ironía de malta con dos cubitos de hielo es que aquí podemos coger los rábanos por las hojas de Glasgow y no pensar para el ejemplo en el Madrid y Barcelona, que nos importan un pito. Nosotros tenemos un equipo medio católico en Primera (el Sevilla Celtic) y otro protestante en Segunda (el Betis Rangers). El que protesta es ahora don Manuel cuando antes lo hacía la oposición.
No comparto los elogios que le han hecho al Sevilla por su partido en Valencia. Su primer tiempo fue triste, el árbitro le echó una mano —¡Pérez Lasa chochea!—, el rival será de Segunda en diciembre y falta aún mucho para hacer bloque, gente que reme igual y al mismo tiempo en defensa y ataque. Mejoró en la posesión de balón, sobre todo en la segunda parte, en la velocidad que le imprimió y en la variedad en su juego mostrada por Navas. Perotti, no. El argentino cada día se parece más a Denilson: no es que regatee demasiado sino que si no hay rivales a su alrededor los busca para regatearlos. Le hacen falta un par de gritos.
Si el Sevilla respira gracias a sus individualidades, el Betis demostró que ya tiene equipo. Corto de fútbol salvo cuando el balón cae en los pies de Salva, pero serio, compacto, con la presión aún por mejorar y mucha mala leche arriba, algo imprescindible si se quiere ascender.
Al Granada, un equipo blandengue pero con juego vistoso, lo laminó cuando quiso. A Mel le falta calidad en la plantilla pero ese no es su problema. Debería ser de Luis «Vamosaganarmuchodinero» Oliver, palabrita de Rufino mártir.


