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La serpiente multicolor

Sevilla no saldrá de su estancamiento con eventos de este tipo que sólo sirven para mantener la ilusión de que somos una ciudad puntera

Día 31/08/2010 - 06.57h
Sevilla es un escenario. Eso ya lo sabíamos y no era preciso que viniera la Vuelta Ciclista a España para recordárnoslo. Sevilla es uno de los escenarios preferidos por los autores de los libretos que sitúan en sus calles más de una ópera. O por los escritores que frecuentaron el género de la picaresca, desde Cervantes hasta Mateo Alemán. Sevilla es una ciudad ideal para las bodas y los desfiles, para todas esas celebraciones que precisan de un número abundante de palmeros en la calle para darle brillo y color a la fiesta. Así no es de extrañar que una de sus principales avenidas se rotule con el título que debería figurar en el escudo de la ciudad, porque Sevilla es muy noble, leal, heroica, invicta, mariana… y palmera.
Por allí, por la Palmera donde los palmeros y las palmeras ejercían ese oficio tan sevillano de aplaudir al que pase por el otro lado de la valla, discurrió la etapa de la Vuelta que llevaba un nombre muy sevillano: la etapa prólogo. Ya hemos dicho en más de una ocasión que el sevillano es un ser de vísperas. Y que le gusta dar vueltas y más vueltas para llegar al mismo sitio. Como el Giraldillo. O como los ciclistas que recorrieron la ciudad semivacía para regresar al punto del que habían salido empujados por unas azafatas que llevaban en el ajustado y abultado top la publicidad de Andalucía. Inciso preguntón: ¿no tenía nada que decir el Instituto Andaluz de la Mujer ante semejante uso del cuerpo femenino para mostrar la propia publicidad de la Junta?
Pero la pregunta de la noche fue otra. ¿Qué ha sucedido para que los sevillanos no se echaran a la calle? Las imágenes que se emitieron por un canal minoritario de televisión fueron elocuentes y le daban la razón al compañero Javier Macías, que escribió en su crónica lo que pasó y no lo que el poder nos había vendido que pasaría. Podemos engañarnos y podemos dejar que nos engañen, pero Sevilla no saldrá de su estancamiento con eventos de este tipo que sólo sirven para mantener la ilusión de que somos una ciudad puntera cuando no pasamos de ser un escenario repleto de extras que hacen de palmeros… o ni siquiera eso.
Monteseirín llegó desde Chipiona, más colorado que una gamba o que una de esas cigalas de tronco que se han erigido en el símbolo animal de esta época. Torrijos ni siquiera apareció, y eso que por una noche la ciudad se había convertido en un inmenso carril bici. Los sevillanos sufrieron cortes mal anunciados y peor resueltos. La conclusión no puede ser más desoladora. Si ya no servimos ni para ser los palmeros de España, ¿para qué vamos a quedar? ¿Para salir en la tele quejándonos por el calor que hace en verano? La serpiente multicolor pasó, como tantas otras ilusiones, por la ciudad de la calle de las Sierpes. Eso fue todo.
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