Me encantan los 31 de agosto. Desde que no ficho en el trabajo. Festividad de San Job Periodista. Hasta las doce de la noche está abierto el zoco futbolístico y los clubes, como suele ser habitual, esperan hasta ultimísima hora para deshacerse de bultos o comprar mirlos. Mirlos que se convierten en bultos pronto en proporciones altísimas, claro. Lo suyo, dicen, es aguantar. Como el ruso gili que quiso batir el récord mundial de sauna y se murió asado como un pollo. Aquí en Sevilla algunos van a seguir dando vueltas en la barra del futbolín cuando todo hacía pensar que los empaquetaban al vacío para la exportación. Emana y Romaric se quedan y Luis Fabiano hace un doble mortal y se sienta en el regazo de Del Nido.
Emana continúa en el Betis porque Oliver no quería ir a poner la mano al turco cada seis meses no fuera éste a ser descendiente de un medialuna de Lepanto. Por eso no se juega Luis «Vamosaganarmuchodinero» sus deditos, ni siquiera los de los pinreles. Ahora habrá que ver cómo se lo ha tomado el camerunés, que si no le hacía gracia jugar en sitios como Cádiz y Murcia fígúrense la cara que habrá puesto cuando le hayan enseñado el calendario con las citas de Ponferrada y Alcorcón en rojo. Ni los brujos de Yaoundé saben dónde están.
Romaric, que cobra en el Sevilla poco más que Belén Esteban en la tele, pero no da que hablar ni la quinta parte, trotará por el verde de la carretera de Utrera después de que se fastidiase su pase al Zaragoza. Agapito Iglesias lo quería regalao y Del Nido cederlo al peso. Al final, el de Costa de Marfil parece que pidió un aval. El día que le soliciten a él uno de juego se tiene que retirar.
El que no sólo se queda sino para siempre es nuestro amigo «Luisfa». Eligió bien. Los trescientos mil euros que iba a ganar de más en el Tottenham se lo hubiese gastado en paraguas. Además, no está documentado que sepa quejarse en inglés. ¿One problem menos?


