Y encima ese pareado tontorrón y pretendidamente animador del cambio. Tanto luchar y resulta que la única solución que se les ocurre para que llevemos el pan a casa es cambiarnos el envase. El cesto: «Si con el cesto vas a comprar, menos bolsas tendrás que tirar». Ya ven, de Cernuda. El cesto. El cesto, no cometerás actos impuros; quiero decir, que no volverás del mercado con bolsas de plástico, ni carne ni pecado, con ganas de llorar, así, a lo Sabina, aunque con ganas de llorar no sólo vuelven sino que van cientos de miles de andaluces que no saben qué milagros hacer para poner de comer, siquiera una vez al día. «Si con el cesto vas a comprar…». Año 2010 y vuelven, en la voz verde de la Junta, los viejos anuncios de la radio: «El arroz, con pollo; y para lejía, El Arroyo». Escuchan ustedes la emisión andaluza que trata de convencernos de que lo mejor para ir al mercado no es llevar la cartera bien repleta, sino el cesto vacío. Dan ganas de responderles con versos al estilo de los suyos: «Si con la bolsa me quiere timar, aviao va este personal». Y más, y más flamenco: «Déjate de cesterías: / dame un puesto de trabajo / en la Junta Andalucía». Y más: «Con lo que comprar me cuesta, / ¿me vas a decir tú a mí / que encima compre una cesta?».
La bolsa o la vida, en la voz verde de la Junta, es la bolsa o la cesta. Es que a la mala lengua le sale sola la copla: «A ver quién tiene cojones / de cargar con una cesta / llena de melocotones». Vamos, como si la invasión del plástico fuera culpa nuestra; como si nuestras mujeres no hubieran ido siempre a hacer la plaza con una cesta. Cierto es que la compra ha cambiado y ahora —bueno, ya menos— se ven carritos que más que una cesta necesitan para trasegarse una carreta con red de las que cargaban de paja. ¿Cuántas cestas harán falta para pasar la carga del Mercadona en los días previos a la Navidad? ¿Y qué harán ahora las familias que compran cuando cobran y se llevan todo el tres por dos que encuentran? La Junta tendría que haber propuesto la «operación carrito», que ahí sí cabe todo, pero a ver en qué cesta meto tres bombos de polvitos, cuatro paquetes de litronas de Cruzcampo, tres paquetes de rollos de papel higiénico, dos melones, una sandía y dos garrafas de suavizante. A ver. Además, con todo el plástico que la Junta gasta en vallas publicitarias y en tarjetas de crédito (para esa ingesta no vale la cesta), ¿van a multar a un pobre trabajador que vaya con su bolsita de plástico? «Déjame dormir la siesta / y no jagas más ruido / con el rollo de la cesta».


