Este curso tocan elecciones locales y, para caldear el ambiente, los cronistas, analistas, tertulianos y enteradillos de todo pelaje andan haciendo sesudos análisis sobre la que nos espera. El ardor guerrero ha llevado a algunos a pintar a Zoido y Espadas como dos gladiadores que se lanzan a la arena para enfrentarse en un combate mortal ante una multitud rugiente que al final exigirá con el dedo hacia abajo el tributo de la vida del perdedor y colmará al triunfador de honores y laureles. Queda bastante épico, pero mucho me temo que no es para tanto, que Zoido y Espadas no tienen nada de gladiadores. Si se fijan, más parecen funcionarios de traje gris con negociados perfectamente intercambiables, como ellos mismos, con sólo ponerle a uno las gafas del otro, y viceversa. Funcionarios o, qué se yo, vendedores de electrodomésticos que recitan de memoria el manual que llevan bajo el brazo para venderte un aparato nuevo y para reemplazar al que tenemos, que hace tiempo que dejó de
funcionar y ya no nos da más que disgustos. Durante nueve meses, van a darnos la tabarra para que compremos su aparato, y no el del otro, con el argumento de que es más moderno, más eficaz, más seguro y, desde luego, más barato. Dónde va a parar.
A uno de los vendedores lo conocemos de sobras, que lleva el tío cuatro años intentando colocarnos el género, pero el otro es nuevo en esta plaza y tendrá que dar muchos barzones para dar a conocer su mercancía que, además, es de la misma marca que el aparato que se nos ha estropiciado, con lo cual en principio lo tiene difícil y por eso se ha buscado un socio comercial con cierto arraigo en la zona aunque con poco predicamento en el mercado local. No, no va a ser una lucha a muerte entre aguerridos gladiadores, sino una contienda pura y dura de marketing electoral.



