Sevilla

Sevilla / perfil de antonio g. s.

El camarero chistoso y ligón que se convirtió en «el descuartizador»

«Siempre tenía un comentario amable o socarrón para los hombres y un piropo pícaro o una sonrisa para las mujeres»

Día 10/09/2010 - 09.42h
EFE/JOSÉ MANUEL VIDAL
Nadie sabe muy bien cómo ni porqué razón el simpático camarero, al que vemos a menudo, se convierte en un presunto asesino. Antonio, con 30 años recién cumplidos, era muy conocido en la capital hispalense por haber trabajado en varios bares de la ciudad. Tras la barra, primero en el bar «El rincón de Juan», que dejó hace tres años, y ahora en El Greco, al lado del Polígono San Pablo, siempre tenía un comentario amable o socarrón para los hombres y un piropo pícaro o una sonrisa para las mujeres.
Su otro hogar era Chipiona, donde en estos días pocos son los que al ver su rostro en el periódico no estarán asombrados. Allí era aún más conocido que en Sevilla. Rodeado siempre de amigos y conocidos, tiene un gran don de gentes. Sus escarceos lo convirtieron en «el Gordillo», alguien capaz de conquistar a las chicas por su palabrería y simpatía, algo de lo que solía presumir abiertamente. Aunque muy altanero y con un toque de chulería, Antonio era un chico aparentemente normal. Se metía en líos de vez en cuando aunque en los últimos tres años, según aseguraba a sus allegados, había cambiado y mantenía una vida normal trabajando y conviviendo con su pareja, una joven algo menor que él con la que decía haber roto su relación hace pocos meses después de unos dos años juntos.
Nació en el seno de una familia desestructurada. Su madre no lo trataba demasiado bien. Su hermano mayor estuvo en la cárcel en varias ocasiones y algunos lo describen como una persona muy violenta. Su padre había fallecido y la relación que guardaba con su familia no era demasiado cordial, sólo tenía malas palabras para su madre que, decía, nunca se ocupó de él. Vivía sólo desde los 15 años, custodiado por una familia que lo acogió en malos momentos.
Su juventud la pasó en Chipiona, trabajando y alternando parejas sentimentales que no duraban demasiado debido a su tendencia a la infidelidad. Aunque la mayoría de ellas siempre terminaban conservando cierta amistad con él. Algunas lo definen como un «golfo» aunque nada más allá de eso. Antonio nunca fue descrito por sus parejas, al menos de cara a la galería, como un hombre violento y tampoco se conoce que maltratara a ninguna de ellas.
Por el momento se desconocen cómo se ha visto envuelto en la muerte de Laura, ni tampoco ha sido posible determinar la conexión que los unía, aunque él declaró ayer ante el juez que no existía ninguna relación sentimental entre ambos.
Clientes asiduos al bar donde trabajaba ahora, aseguran que la víctima era habitual en la zona, donde se tomaba algunas cervezas y afirman que entre ella y Antonio había «mucho cachondeo». Algunos incluso dicen haberlos visto irse juntos en alguna ocasión cuando él cerraba el establecimiento, aunque nadie conocía con exactitud la relación que tenían.
Cuando apenas habían pasado dos días de la muerte de la norteamericana, Antonio se comportaba con total normalidad. Acudió a su puesto de trabajo en el bar El Greco que compaginaba trabajando en una confitería cercana donde de vez en cuando hacía los desayunos para sacarse un dinero extra. Allí todos le trataban con cariño y lo saludaban cordialmente riéndose de sus múltiples bromas. Además, y como si no hubiera pasado nada, el pasado fin de semana salió con sus amigos a tomar unas copas y se recogió a altas horas de la madrugada, ya que el lunes era su día de descanso.
A pesar de que algunos de sus vecinos del Tiro de Línea lo describen como un hombre violento y agresivo no es esa la imagen que tenían la mayoría de sus conocidos, que se han mostrado compungidos ante los hechos e incluso aseguran que «es doloroso creer que haya podido cometer tal atrocidad».
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