Junto a las Hermanas de la Cruz, en las sillas situadas en el césped del Estadio, se distinguía a Ana María Rodríguez Casado, de 10 años, preciosa con su blanco traje de primera comunión. En su pecho, colgando de la cadena llevaba una medalla cuadrada muy especial, con el rostro de Madre Purísima. Ella fue la intercesora ante Dios para que sanara cuando a los tres años y medio se le rompió el cable del marcapasos y sufrió el síndrome de Stoke-Adams.
Muy cerca de Ana María y sus padres, Joaquín Rodríguez y Paloma Casado, se encontraba la familia de Madre Purísima de la Cruz.
Antes de que se iniciara la ceremonia, Mercedes Ojembarrena, la cuñada de Madre Purísima, entregó a Ana María un regalo porque quería que tuviese un recuerdo de la familia de Madre María de la Purísima con motivo de su primera comunión. El regalo era un colgante, una virgencita. También las Hermanas de la Cruz de una casa de Castilla le habían llevado un obsequio, un crucifijo para una mesa.
Además de su cuñada, Mercedes Ojembarrena, asistieron los sobrinos de madre Purísima: Olga Salvat Ojembarrena y su marido Mario Cervigón con su hijo Pablo, Iñigo Salvart Ojembarrena con su esposa Isabel Estebe y sus hijos Jaime y Jorge, y Guillermo Salvat Ojembarrena y su esposa, Arancha Prados, y su hija Almudena. Junto a ellos asistieron amigas de Madre Purísima como Coralí Cámara y Gasset, Almudena Sedano Lóriga, Madre Gloria Neve, religiosa de Jesús María, y Maricar Ibáñez, amiga del bachillerato y religiosa irlandesa, que ingresó de monja el mismo día del año 1944 que Madre Purísima.


