Sevilla

Sevilla / el foto-matón

La huella del PSOE en las obras de Torrijos

Día 09/10/2010 - 08.02h
JESÚS SPÍNOLA
Por sus obras los conoceréis. A Juan Espadas le viene al dedillo la frase bíblica, porque es uno de los socialistas más creyentes del mercado. Y porque esta desafortunada fotografía —desafortunada para él; para el fotógrafo es un triunfo— lo pone en un brete. Con el debate abierto que hay entre peatones y ciclistas por el reparto de las aceras, y con las quejas en plena ebullición de los viandantes sobre la dictadura de las dos ruedas que ha impuesto Torrijos, esta imagen sólo puede tener dos significados. El despiste se descarta, porque un político que aspira al trono no puede tener estos descuidos en plena campaña delante de los fotógrafos. Así que las dos opciones son éstas: o ha decidido plantarle cara a IU en su propio terreno de juego, o se ha puesto del lado de los peatones en esa discusión ya citada. Ante esta disyuntiva, no es nada desdeñable a la hora de dilucidar la opción correcta la compañía que lleva, que aporta otra información que hay que añadir a la balanza. Rosa Aguilar haría lo que fuera por pisotear a sus ex camaradas. Mejor dicho: ya lo hizo cuando decidió desertar en su huida hacia el centro. Y como en su antiguo partido le están dando hasta en el cielo de la boca, ella aprovecha la mínima oportunidad para devolver el golpe. Lo curioso es que la cordobesa va por derecho, en la dirección correcta, hacia donde marca la flecha. Y Espadas ha elegido el carril adverso. Camina en dirección contraria. A contramano. Ha puesto su pie sobre las arenas más movedizas de Sevilla, pero no ha cogido la vereda idónea.
Quizás la otrora comunista Aguilar le está explicando hacia dónde hay que apuntar en el caso del piquete Carlos Vázquez, a quien los hosteleros han decidido impedir el paso en sus bares tras el ataque violento al Serranito durante la huelga general. Ya que los políticos no gobiernan, está bien que lo haga la sociedad civil. Pero Juan Espadas sigue a contrapelo. Su partido ha cambiado de candidato ante la hecatombe de Monteseirín y, sin embargo, el nuevo aspirante sigue sin dar el giro. Lo que el socialismo espera de Espadas es algo distinto a lo que ya hace el alcalde. Que pida la dimisión del piquete, por ejemplo. Pero el candidato tira la piedra y esconde la mano. Tiene claro que su éxito sólo se logra invadiendo el cortijo del partido llave. Por eso se pone en el carril bici a comentar la jugada con la consejera de Obras Públicas, nada menos. ¿Hay una obra pública en Sevilla más significativa que el susodicho carril? Pues la titular del ramo la pisa. Sin embargo, Espadas no quiere meterse en el carril derecho para no generar tensiones con quien podría firmarle, si se diera el caso, el acta de alcalde. A lo sumo, el candidato lanza mensajes con veneno. A su reivindicación en el Parque Alcosa se lleva a un cargo público de la Junta —es lo que tiene el PSOE, que después de 30 años en el poder no sabe distinguir entre partido y Gobierno—, pero no a un cargo cualquiera. A la «traidora» comunista. Que es la que sabe cuál es el camino correcto para cargarse del todo a sus ex amigos de toda la vida. Por sus obras públicas los conoceréis. Rosa se quedará en el sitio, pero como Torrijos toque el timbre de su bici, ya veremos el tiempo que tarda Espadas en dejarle paso. Al fin y al cabo, su partido lleva ya bastantes años en Sevilla dejando el camino expedito a IU para que a quien atropelle sea a los sevillanos. ¿De verdad que usted cree que el candidato socialista está dispuesto a morder la mano que le da de comer? Conclusión: Espadas pisa el carril bici de Torrijos porque la huella del PSOE es ya indeleble en los ataques que el comunista le ha propinado a la ciudad.

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