Un sol espléndido, unas pocas sillas colocadas junto al puente y más de un centenar de personas de pie esperaban ayer a que, tras más de diez años de espera
, la Plaza de España fuese reinaugurada. Allí estaban, emocionados, los descendientes de Aníbal González, el arquitecto que proyectó la plaza, y, junto a ellos, muchos sevillanos que no querían perderse el momento. Esperaban a quienes presidían el acto, el vicepresidente tercero del Gobierno y ex presidente andaluz, Manuel Chaves, y el alcalde de Sevilla, Alfredo Sánchez Monteseirín. Pasaban unos minutos de las doce cuando, de pronto, muchos de quienes están de pie alzan sus voces, gritan, lanzan pitidos, dan cacerolazos, tocan cencerros, esgrimen banderas de UGT y abren pancartas....Chaves y Monteseirín, acompañados de otras autoridades, atravesaban andando la plaza. El griterío fue a más, los dos protagonistas del acto esperaron unos minutos junto al atril colocado a ver si amainaba con brazos cruzados y cara desencajada. En el aire, el recuerdo de los gritos contra Rodríguez Zapatero
durante los actos de celebración de la Fiesta Nacional. La banda de música municipal intentó tapar las protestas con sus instrumentos, pero fue imposible. Se intentó entonces con el himno de Andalucía, pero la potente voz del intérprete se perdía entre gritos de «La Junta de Andalucía no se vende» de los empleados de la Agencia Andaluza del Agua que protestan contra su posible privatización, tampoco la Marcha Real, aunque muchos de quienes ocupan asiento se habían levantado a sus sones y rompieron en aplausos cuando acabó, consigue respeto. El acto continuó.
El alcalde se hizo oir, con voz forzada, para decir lo que tenía previsto
Discursos cortos. Vuelta atrás, y frente a lo que se especulaba minutos antes de que las autoridades irían a montarse en las recién recuperadas barcas de la ría, subida de puente con gritos al fondo y andando, sin prisa pero sin pausa, hacia la sede de la Delegación del Gobierno. En el camino, de pocos metros, se entremezclaron los saludos de quienes estaban en esa zona, con los gritos de algún manifestante que los seguía. Ya en el interior de la Delegación del Gobierno, Chaves consideró que «hay 365 días en el año, cualquiera de ellos se pueden usar para manifestarse, pero han elegido el peor, un día que es de todos los sevillanos, porque se trata de la reapertura de un monumento que es un referente para todos, por muy legítimas que sean sus protestas, este tipo de actos les resta credibilidad, legitimidad y parte de la razón que puedan tener».




