Isabel María lleva dos años trabajando como taxista. Se levanta cada día antes de las cuatro para iniciar su jornada en la soledad de la madrugada. Pero cuando entra en su taxi esa soledad se esfuma, ya que la acompañan las decenas de santos que lleva adheridos al techo.
El responsable de ello es su hermano, quien le puso las tres primeras estampas. «Él es muy devoto de Santa Ángela y clavó al techo una imagen suya, otra de Madre María Purísima y otra de la Virgen del Rocío -cuenta Isabel- desde entonces esto se ha ido extendiendo y son mis clientes quienes colocan a los santos a los que tienen devoción».
De hecho, siempre lleva una caja con alfileres en el salpicadero para que quien quiera los coloque libremente.
Una historia por estampa
Cada imagen tiene su propia historia, que es la de las personas que, por diferentes motivos, han querido dejar constancia de su fe en el taxi de Isabel María. «En una ocasión subieron al coche una madre y una hija que llevaban tiempo rezando para que la joven quedara embarazada. Me contaron que le habían rogado mucho a La Milagrosa y que precisamente ese día habían tomado el taxi para la hacer la primera ecografía del bebé».
Una madre se arrancó un escapulario del hábito que llevaba por su hija enferma
Cuando las Hermanas de la Cruz viajaron a Roma con motivo del anuncio de beatificación de Madre María, Isabel tuvo la suerte de montar en su taxi a dos de las monjas que volvían de Italia. Ellas le colocaron un escapulario y una estampa del Papa Benedicto XVI. «Llevas muchos santos, pero el jefe no puede faltar, me dijeron. Eran unas hermanas muy simpáticas».
Quienes colocan a los santos en el taxi de Isabel son personas anónimas, pero no siempre. La taxista no puede evitar emocionarse al contar cómo su nieto de dos años le puso hace poco una estampa de la Virgen del Rocío vestida de Pastora.
Desde hace dos años, sale a cada mañana a las cinco con su taxi; reconoce que los tiempos son malos, pero que «se hace lo que se puede» y lo más importante, ni ella ni su hermano han tenido nunca un percance con el coche. Isabel da por ello gracias a la protección de Dios desde el cielo y a todos aquellos que velan por ella desde el techo de su coche.


