HAY quien sostiene que la dictadura es el sistema de gobierno en el que lo que no está prohibido es obligatorio. Y en Sevilla, donde a Dios gracias no ha llegado aún el absolutismo, estamos cediendo mucho a las imposiciones municipales. Se nos prohíbe entrar al centro en vehículo con total libertad. Y se nos obliga a soportar durante más tiempo del estipulado las molestias de unas obras que delatan la injerencia de quienes las han proyectado. El túnel de Bueno Monreal ya no tiene salida para su promotor. Fran Fernández, ese hombre que acumula dislates en su currículum de concejal mientras el alcalde le agradece su apuesta por él en las primarias sevillanas mirando para otro lado, ya no sabe qué decir para justificar un retraso tan indecente. Claro está que para mayo habrá túnel. Casualmente hay elecciones. Pero en su desastre cotidiano, Fernández se encontró con una tubería de aguas fecales nada más clavar la pala. Buena excusa para alargar la obra. Y ahora ya no tiene ni
cloacas a las que acudir, así que se pone ante los micrófonos, pues pudor no hay, para decir cualquier cosa y escurrir el bulto como sea. El Gobierno municipal nos empaqueta su mensaje con total displicencia y, además, tiene la convicción de que los medios se lo vamos a reproducir como papagayos, que es lo que el piquetero Carlos Vázquez cree que somos.
D Pues no. Aquí hemos aprendido aquella consigna que daba el director del Chigaco Tribune a sus redactores: «Si su madre le dice que lo ama, verifíquelo». Fran Fernández le da al patatín y al patatán para no explicar por qué se pagó a una empresa la poda de 3.000 árboles en esa zona, donde apenas hay un puñado de alcorques. Tal vez crea, como suele decir uno de los gurúes del equipo del alcalde, que el periódico de hoy envuelve el pescado de mañana. Pero hay muchos periodistas en esta ciudad que siguen verificando el amor de sus madres. ¿O acaso no conocen en el Ayuntamiento la anécdota de Azorín? Yo se la reproduzco: «¿Por dónde ha entrado usted? Por la puerta. ¿Sabe usted que no se puede pasar? He pasado. ¿Quién es usted? Un periodista». Vamos a pasar por ese túnel de la mentira hasta que nos topemos con la verdad. Con permiso o sin él. Las facturas falsas, las infladas, los retrasos injustificados, los desvíos presupuestarios y la ya insostenible deuda pública son cuestiones que
tienen que explicarnos con la misma claridad con la que nos detallan la peatonalización, la línea 1 del metro o los avances del tranvía. Porque, en todo caso, sus logros también envuelven el pescado el día después de sus ruedas de prensa.
Fernández tiene que decir, antes de que hablen los hechos, por qué ese maldito túnel se sigue retrasando, por qué nos está costando ese pastón, y por qué hay líos raros en la facturación. Ya está bien de que se quejen de que el perro muerde al hombre. La noticia se produce cuando el hombre muerde al perro. Cuando el Gobierno dentellea al ciudadano. La noticia es que ante un túnel sin salida, el responsable del desbarajuste salga en la tele a negar lo que ven nuestros ojos. Sin inmutarse.


