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El Alcázar mostrará desde el jueves los grandes tesoros de la colección Carranza

Es propietario de la Librería Recuerdos de Madrid, un templo del coleccionismo con joyas de finales del XIX hasta los años 60 del XX

Día 29/11/2010
La espera ha sido demasiado larga. Han transcurrido catorce años en los que Vicente Carranza luchó por ver su colección expuesta en Sevilla, pero por fin este próximo jueves el ceramista de Daimiel verá culminados sus sueños ya que se inaugurará en el Real Alcázar una exposición permanente que contará con alrededor de unas doscientas piezas.
La ubicación de esta muestra es en tres salas ubicadas en la planta alta del Cuarto del Almirante del Alcázar. Aún queda pendiente, sin embargo, que el Ayuntamiento abra otra cuarta sala para otras cien piezas.
Mientras tanto, a partir de este jueves, se podrá disfrutar de una vasta colección de piezas que muestran lo mejor de la cerámica sevillana entre los siglos XII y XVIII. Así, en la primera sala se podrán ver obras pertenecientes al periodo medieval, musulmán y mudéjar. El renacimiento es el protagonista de la segunda sala, mientras que en la tercera estancia se podrá contemplar, «un conjunto extraordinario de lozas barrocas», según detalla el catedrático de Historia del Arte de la Universidad de Sevilla, Alfonso Pleguezuelo, que es asimismo comisario de esta exposición.
La muestra incluirá igualmente, en el pasillo de entrada, dos piezas que se salen del marco cronológico del resto de la colección expuesta. Se trata de dos platos fechados entre finales del siglo XIX y principios del XX cuyos autores son Manuel Arellano y Manuel Rodríguez Pérez de Tudela, quienes «se inspiraron en los conjuntos del Alcázar y protagonizaron el último gran periodo de la cerámica sevillana previo a la Exposición del 29», destaca el profesor Pleguezuelo.
Según declaró el propio Vicente Carranza a ABC en una entrevista reciente, «la negociaciones para poner en marcha este proyecto han sido muy largas y comenzaron con Soledad Becerril», y aunque hubo altibajos, por fin la actual corporación municipal le mostró su apoyo a este ceramista para que Sevilla pudiera acoger esta gran colección, única en su género.
El diseño, la producción y el montaje de la exposición ha corrido a cargo de la empresa GPD. De hecho, desde que estas piezas llegaron a Sevilla a finales del pasado mes de mayo, los operarios no han dejado de trabajar para que esta muestra se pudiera inaugurar antes de Navidad, según estaba previsto en el proyecto original. En este sentido, Alfonso Pleguezuelo destaca el gran trabajo que ha realizado GPD en un montaje que llamará muchísimo la atención del público por su vistosidad. Además, se han diseñado unos elementos audiovisuales que se proyectarán en el suelo de las tres salas y que servirán de completo a la exposición.
En cuanto a las piezas propias de la colección que se podrá ver en el Real Alcázar a partir de este jueves, en la primera sala destaca un alicatado de tipo granadino de gran belleza. Es del siglo XIV, del tipo de revestimiento de la Alhambra y del Patio de las Doncellas del Alcázar. También en esa sala, en el módulo central, sobresalen dos azulejos que proceden del Palacio Nacional de Sintra, «que es uno de los conjuntos de cerámica sevillana más importante que hay en la Península Ibérica», indica Pleguezuelo. De hecho, muchos azulejos que se hacían en Triana se distribuyeron por la costa portuguesa y se llevaron para Portugal. «Probablemente haya más azulejos de aristas sevillanos en Portugal que en la propia provincia de Sevilla», admite el comisario. El conjunto de Sintra es de cuerda seca y relieve, y los dos azulejos de la exposición son de relieve.
La segunda sala se dedica al siglo XVI, basculando entre el mudéjar y el renacimiento. Son piezas de la primera mitad de esta centuria. Como indica Pleguezuelo, «se invita al espectador a que visite el Salón Gótico, porque la parte más importante de esa sala es el conjunto del azulejos y loza dorada». Estos platos fueron expuestos ya como platos sevillanos en 1996 en una muestra que se celebró en el Monasterio de San Clemente. De hecho, a través de un trabajo de investigación, el profesor Pleguezuelo ha demostrado que estos platos están hechos en Sevilla y que no son valencianos ni catalanes como se creía. «Hasta ahora nadie se animaba a comprar estos platos de losa dorada sevillana, pero ahora es un buen momento para que los coleccionistas de esta ciudad se animen a adquirirlos puesto que están a muy buen precio», señala este experto. Esta segunda sala renacentista que alberga la colección es un crisol que refleja la herencia musulmana, gótica y renacentista, aunque la mayor parte del material que se expone es de reflejo dorado, que es de tradición musulmana. «Se ha intentado en el montaje y el diseño de la exposición hacer un diálogo entre la colección y la propia cerámica del Alcázar», dice Plaguezuelo. Por eso, en la primera sala, el entelado que reviste las paredes está tomado del Patio de las Doncellas mientras que la segunda sala se inspira en el Palacio Gótico.
En la sala tercera está la cerámica del siglo XVIII. Así pues, hay una colección de platos de las dos mitades de esta centuria que reflejan perfectamente el paso de las modas cerámicas durante este siglo. De hecho, se aprecian reflejos de Talavera, de Holanda e influencias de la loza de Alcora, en Castellón. La otra parte de la sala son cerámicas de temas profanos y temas religiosos. Dentro del primer grupo destaca el conjunto de retratos históricos (Julio César, Pedro V de Aragón, etc.). En cuanto a la cerámica religiosa, lo más vistoso son las 14 estaciones de un vía crucis.
Museo de Cerámica de Triana
Como el Ayuntamiento se ha comprometido a abrir una cuarta sala en el Real Alcázar con la colección del siglo XIX de Vicente Carranza, se van a dejar otras piezas de este ceramista para el futuro Museo de la Cerámica de Triana. Para ello se realizará una selección de cerámicas de lo siglos XVI al XVIII para que estén representados distintos periodos. Aparte de esto, el Consistorio hispalense ha comprado también piezas y una amplia documentación que pertenecía a la fábrica de Cerámicas Santa Ana, con las que se completarán las obras expuestas en este centro de Triana.
La colección Carranza está valorada en más de un millón de euros. Pero más allá de esa realidad económica, destaca el valor sentimental y el esfuerzo de una persona que ha reunido durante 74 años algunas de las cerámicas más destacadas de la historia de España.

En espera de una cuarta sala

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