Elescultor Marcos Domínguez viaja del mármol rosa, el griego o el de Macael a las maderas de Olmo, Ciprés y Caoba para crear «Diosas.es de la Mar», en referencia a los seres divinos que pueblan nuestro universo y se confunden con los animales y fuerzas de la naturaleza. Desde el título, el observador siente esa «llamada» a su imaginación, aunque por sí solas las obras nos trasladan a un mundo onírico y de subconsciente colectivo, como el «Mino Aries», que combina mitología y zodíaco. Así, en su paseo por la Sala Maravillas (c/Maravillas, 30), el visitante descubrirá una historia en cada pieza.
La veterana «Sirena griega» se suma al reciente «Banco de Peces», mármol blanco de Macael: «Habla del uno y del todo, ese ser en el que se convierte un banco de peces que reacciona como si de un único animal se tratase; esos ojos que nos miran, la vida; esas cuencas de los ojos, la muerte". Domínguez pretende articular el lenguaje de sus obras en esta muestra donde «sea el espíritu del mar el que hable, mostrar el frío y el calor de la piedra y la madera, como los barcos que surcan sobre mojado mar».
Si una obra le cautiva, sea suya o no, «me enseña a pensar, a sentir cosas que tiene uno ocultas, es al mismo tiempo liberación del peso de la banalidad. Como me podría pasar ante una obra de Miró, de la serie azul. Cuando la realizo, es una revelación de algo que ni yo sabía». Prefiere la talla directa: «La idea pasa de mi cabeza a tomar forma en la madera o la piedra, sin bocetos ni maquetas». Golpea la piedra con maza y puntero, refinando con raspines y lijas, o con fresas diamantadas y discos de corte. En madera, utiliza hachas para desbastar, ingiriéndole esa fuerza a las piezas, para luego definir con Gubias. Concluye con un tratamiento de aceites o patinas, «que nunca ocultan la madera en su esencia».
Empezó a tallar a los 23 años en la facultad de Bellas Artes hispalense. Se preparó en Les Atelliers de la Ville de Paris (París). Presentó en Croac su primera obra monumental, «Ángel». En España, sus obras monumentales descansan en el Jardín Micológico de Zagrilla o en los jardines de la Facultad de Historia de Sevilla, donde se encuentra «El Saltador de Edificios o el Reloj de Sol»: «He ido creciendo, manteniéndome en las formas naturales, sintiendo en mis obras ese carácter chamánico de contacto con lo espiritual a través de los animales y el mundo onírico».
Como artista hispalense, afirma: «Vamos a mejor. En Sevilla, cada vez hay más espacio para el arte actual, sin tener que estar tan ligada esta ciudad a la tradición como lo ha estado siempre. A pesar de la crisis, los espacios expositivos se consolidan y tendremos un Caixa Fórum que dinamizará. Obras de concepción nuevas como las Setas de la Encarnación harán que Sevilla mire hacia adelante».


