Los molinos harineros que salpican las orillas del río Guadaíra constituyen un patrimonio muy singular y de gran relevancia. Hasta ahora permanecen como estampas sobre el agua y recuerdo del pasado panadero de la ciudad alcalareña, pero no pueden visitarse en su interior. El Ayuntamiento apuesta ahora por darles uso como espacios para la restauración y para la creación de infraestructuras vinculadas con el turismo. El primero de ellos en tener este nuevo uso será el de Vadalejos, junto al Puente del Dragón, donde irá un bar-restaurante.
El alcalde alcalareño, Gutiérrez Limones, afirma que uno de sus objetivos prioritarios es convertir al entorno del río Gudaíra en un foco de atracción turística, enfocado sobre todo al público del área metropolitana de Sevilla. Se trata de crear una alternativa económica en el sector terciario que diversifique la economía local. Para ello cuenta con los atractivos naturales que aporta el río Guadaíra y el entorno que genera a su paso, donde se conservan interesantes restos de bosques en galería y una flora y fauna singular. En este espacio se ha llevado a cabo durante los últimos años una amplia labor de reforestación, creación de caminos y adecuación de espacios. Se ha ampliado la superficie de los parques y se sigue haciendo en nuevas fases que extienden las zonas recuperadas, siempre en paralelo al río tanto hacia la cabecera, como hacia la desembocadura.
Pero para que las visitas reporten beneficios en la ciudad, es necesario crear dotaciones en esta zona. Es en este punto donde se aprovecharán los molinos. Se trata de estructuras perfectamente integradas en el entorno y que tienen un gran interés patrimonial. La antigüedad de varios de ellos se remonta a la época de la dominación musulmana y constituyen un testimonio muy interesante de protoarquitectura industrial.
El primero en ponerse en carga será el molino de Vadalejos, que es también el que se ha restaurado de forma más reciente. Su elección responde a este criterio y a su ubicación junto al Puente del Dragón, otro de los focos de atracción del entorno del río que además facilita el acceso al molino. En el histórico edificio se ubicará un bar-restaurante que además atenderá la demanda de las personas que disfrutan de la zona verde aledaña. Tendrá una terraza y una zona para dejar bicicletas. Además servirá para gestionar el acceso a un embarcadero desde el que se podrán hacer paseos en canoa por el río. Una empresa privada obtendrá la concesión de la gestión de este nuevo negocio que se quiere convertir en referente para fórmulas similares en otros molinos.
Los visitantes de este singular establecimiento podrán disfrutar de un molino que conserva la tipología tradicional de este tipo de construcciones. Cuenta con sala de molienda, dependencias de uso molinero y una pequeña torre con un almacén en la zona alta para guardar el grano en caso de crecida del río. Pero sobre todo resulta interesante el sistema de acequias que llevaban el agua a su interior y hacían funcionar las piedras que molían el trigo para convertirlo en harina. El molino tiene un interés añadido por corresponder su tipología a de los molinos de cubo. Esto significa que tomaba el agua no del río sino de un manantial, por lo que no está en la orilla del río, sino algo más arriba. En este caso el manantial era el arroyo que alimentaba la Fuente de la Judía, muy próxima. Sus aguas se conducían para precipitarlas desde lo alto al interior y la fuerza de la caída era la que se empleaba para accionar las piedras. Luego era necesario desarrollar otro sistema de conducción para evacuar el agua.
Este molino estuvo durante años «desaparecido» puesto que estaba embutido en una construcción más amplia de una explotación ganadera. Se pensaba que había desaparecido, pero el derribo de dicha explotación lo sacó a la luz y permitió liberarlo de todos los añadidos. Es un primer paso de un proyecto más ambicioso alrededor del río que cuenta además de con los molinos con los nuevos edificios de próxima inauguración de la biblioteca y el auditorio, también en el entorno del río. Según la delegada municipal de Patrimonio, Laura Ballesteros, «el Ayuntamiento viene desarrollando un ambicioso programa de promoción de la cultura, y protección y restauración del medio ambiente para que sean polos de atracción para el desarrollo, pero quedando plenamente integrados en la ciudad suponiendo un revulsivo para el progreso económico y el favorecimiento del sector turístico».



