En los años 20 del siglo pasado Alcalá era un pequeño pueblo apegado aún al medio rural. El alcalde, Pedro Gutiérrez logró la concesión del título de ciudad y se propuso ajustar la fisonomía de Alcalá a su nuevo estatus administrativo. La transformación fue encomendada a uno de los arquitectos de mayor prestigio del momento, Juan Talavera y Heredia, que en una década de febril actividad hizo que Alcalá fuera conocida como la ciudad de Talavera. Una exposición en el Museo recupera la memoria de la época y pone en valor la transformación que supuso su labor.
La ciudad que entonces tenía unos 15.000 habitantes había iniciado un periodo de crecimiento económico y poblacional, pero sus dotaciones y su urbanismo eran aún los propios de un pequeño municipio rural. Juan Talavera se puso manos a la obra y en una década de frenética actividad construyó seis edificios públicos, además del Hotel Oromana y el campanario de la iglesia de Santiago. Talavera era entonces uno de los arquitectos más afamados de Sevilla, junto con Aníbal González. En la capital su lista de edificios es amplia y muy estimada.
La lista de su obra alcalareña incluye inmuebles de gran calado y que transformaron el urbanismo de la ciudad. Es el caso del Matadero, en las afueras de la ciudad cuando se construyó y que trazó uno de los principales ejes de expansión de la localidad. Actualmente es la Casa de la Cultura. El colegio Pedro Gutiérrez también marcó el inicio de la ocupación de toda la zona que después sería la populosa barriada Silos. En lo que entonces era pleno campo hizo un reformatorio de menores, el edificio más amplio en la ciudad que incluía dependencias deportivas, formativas y una capilla.
Ciudad consolidada
Pero la actividad de Talavera también incidió en la ciudad consolidada. Al principio de la calle Alcalá y Orti levantó un edificio de grandes proporciones que sirvió como cuartel de la Guardia Civil y posteriormente como Comisaría de Policía Nacional. Enfrente dio forma a la ampliación de la torre de la Iglesia de Santiago, elevándola y diseñando un campanario de afortunado diseño y que se ha convertido en una de las estampas más representativas de Alcalá.
Su labor también incluyó la construcción del Hotel Oromana enclavado en el pinar que le da nombre y cuya finalidad era servir de alojamiento para visitantes ilustres a la Exposición Iberoamericana, de forma que la ciudad se beneficiara del movimiento económico que este llevó aparejado. Su ubicación junto al río y a los caminos abiertos entonces entre el pinar y en el bosque en galería paralelo al río eran sus principales atractivos. También construyó un mercado de abastos en la calle Nuestra Señora del Águila, que ha desaparecido. Por último, años después levantó una casa para él mismo en la calle Bailén y con vistas al pinar de Oromana. Hay que imaginar el calado de esta transformación urbanística basada en un conjunto muy importante de edificios públicos en una ciudad de reducidas dimensiones para tomar conciencia de la importancia que la obra de Talavera tuvo para Alcalá.
Juan Talavera, como uno de los principales arquitectos del denominado «regionalismo sevillano», dejó una colección de edificios fieles a su concepción arquitectónica, en los que empleó las diversas influencias de dicho estilo y en los que fue desarrollando interesantes hallazgos estéticos y constructivos. Talavera emplea elementos de procedencias diversas, aunque con predominio de los que proceden del mudéjar, el plateresco y el barroco. Recrea modelos de casas nobles sevillanas, como en el Cuartel de la Guardia Civil y de las haciendas rurales, como en el Hotel Oromana o el colegio Pedro Gutiérrez. Emplea elementos tradicionales de la arquitectura popular y añade elementos estéticos que dan personalidad a sus obras, como el uso de la cerámica, la forja o el color amarillo albero para resaltar molduras y elementos constructivos.
Además de la repercusión urbanística y de la mejora de infraestructuras que supuso su labor, Talavera instauró en Alcalá una estética que ha seguido vigente en la ciudad hasta nuestros días. El estilo regionalista en el que el arquitecto desarrolló su labor ha sido el canon constructivo en la ciudad hasta hace poco y aún mantiene vigencia en muchas de las casas particulares que se construyen en la localidad.



