N. RAMÍREZ DE CASTRO
Una de las promesas electorales incumplidas del PSOE es la regularización de la eutanasia en España. Pese al apoyo de las encuestas del Centro de Investigaciones Sociológicas, el Gobierno no se ha atrevido a plantear un debate que se presume descarnado. Esas encuestas afirman que el 60% de los españoles legalizaría la eutanasia y solo uno de cada diez estaría en contra.
De momento, se ha limitado a plantear una Ley de Muerte Digna, una nueva norma que quiere garantizar los mejores cuidados al final de la vida. Con derechos para los enfermos y también con una mayor seguridad de los médicos. La nueva legislación se ha anunciado casi cinco años después de que Luis Montes, médico del Hospital Severo Ochoa de Leganés, fuera acusado de causar 400 homicidios por sedaciones terminales.
El texto de la futura Ley de Muerte Digna aún no se conoce, aunque no incluye la posibilidad de que un paciente pueda solicitar terminar con su vida ante una enfermedad irreversible.
La ministra de Sanidad, Leire Pajín, tampoco ha dado por cerrado el debate. «El Gobierno ni lo abandona ni lo rehúye», dijo en una entrevista a ABC. Pero dejó claro que la prioridad son los cuidados paliativos.
El debate no será sencillo. La «cultura de la muerte» de la que habla el PP no es ideológica y como el aborto puede hallar apoyo y rechazo en todos los partidos. En el Festival de Sundance se acaba de estrenar «Cómo morir en Oregón», un documental sobre el suicidio asistido. La película empieza con un hombre muriendo de cáncer mirando a la cámara. Pocos espectadores llegaron al final.




