La Sevilla es una ciudad cargada de paradojas está, a estas alturas, fuera de toda duda. En la inauguración del complejo Metropol-Parasol, las ya famosas «setas» de La Encarnación, volvió a comprobarse en la tarde de ayer, momento escogido para la puesta de largo del vanguardista edificio justo el último día del plazo legal permitido para este tipo de actos merced a la normativa electoral. Se abrió el nuevo espacio y el Ayuntamiento no sólo colocó la placa conmemorativa correspondiente sino que, sobre la misma, dispuso los clásicos azulejos blancos de nomenclátor sevillano para bautizar la zona interior del proyecto, la plaza elevada que queda en el medio de los cinco parasoles principales, como «Plaza Mayor». El afán por reinventar del gabinete de Alfredo Sánchez Monteseirín parece solapar hasta la histórica denominación de La Encarnación. La capital andaluza ya tiene Plaza Mayor, lugar que en cualquier otra ciudad es símbolo del ágora, del espacio público por antonomasia, del pueblo. Madrid, Salamanca, Valladolid... Y en Sevilla, he ahí la enorme contradicción, la Plaza Mayor es una plaza privada. Sí. Una concesión administrativa por 40 años a Sacyr que, además, ha costado algo más de cien millones de euros. «Los ciudadanos harán suyo este lugar rápidamente», recalcó el alcalde en su discurso de ayer. Pero quien la ha hecho suya de verdad es la constructora madrileña, responsable de los espacios a explotar —restaurantes, tiendas, mantenimiento...— y de los cuatro años de demora en la entrega del edificio, cuyas obras se iniciaron en 2005 y que tenía que estar listo en 2007.
Todo se irá olvidando conforme se aleje la fecha de ayer, pero escrita debe quedar no sólo la apertura del nuevo edificio, que sin duda centrará atenciones y público por su estilo rompedor, sino los aspectos paralelos al propio estreno. A saber. El acto en sí refrendó lo que se intuía: la necesidad de una foto de campaña como fuera en el límite legal. Último día, últimas horas. Monteseirín debía publicitar lo que considera como su gran legado simbólico y los operarios trabajaron hasta las seis de la tarde para que el decorado fuera lo más parecido a un edificio acabado. No coló, claro. Y no únicamente por las grúas gigantes sino por el «acabado exprés» de las solerías de la plaza, del cemento fresco, de la arena suelta, de las bases de algunas «setas» sin terminar, de las baldosas sueltas o de la retirada de decenas de vallas de manera simultánea al evento, rodeado de una multitud de ciudadanos y de algún que otro colectivo —como los eventuales de Tussam o grupos de comerciantes— que protestó con bocinas durante el tiempo que duró la celebración, en torno a hora y media.
Todos los ediles del grupo municipal socialista acompañaron al alcalde y se apretaron para salir en la foto junto al propio arquitecto, Jurgen Mayer. No estuvo el candidato del partido a la Alcaldía, Juan Espadas, ni los socios minoritarios de gobierno local ni representantes de la oposición. Monteseirín y los suyos. Ni estuvo Emilio Carrillo, el exdelegado de Urbanismo promotor principal del proyecto. Ni su sucesor, Alfonso Rodríguez Gómez de Celis. Tras esa foto ante la placa y el rótulo de «Plaza Mayor», los himnos andaluz, primero, y nacional, para luego visitar las pasarelas y después ofrecer el discurso en el museo con restos arqueológicos, el Antiquarium —por cierto, muy bien rematado—.
La nueva plaza es peatonal, salvo en la conexión con Imagen y Laraña
Lo que sí se conocen son las diferencias entre el proyecto básico y el resultado final. La principal, económica: de los 53 millones de partida el coste definitivo se ha ido por encima de los cien millones de euros tras varias modificaciones presupuestarias aprobadas en pleno. El propio alcalde ya ha dicho, y recordó ayer, que el dinero «no ha salido de las arcas municipales». Pero esto no deja de ser una manipulación, pues se trata de los fondos de los convenios urbanísticos que los promotores privados dispusieron para desarrollos que no se han podido acometer precisamente por esta inversión en La Encarnación. ¿Es o no dinero público?
La nueva plaza es peatonal, salvo en la conexión con Imagen y Laraña. En la base de los parasoles una galería comercial acristalada acoge el mercado de abastos. En el «nivel 2», una plaza pública elevada con más de 3.000 metros cuadrados sirve para celebrar eventos. En el «nivel 3» están las copas de los parasoles centrales, cuyo interior de 844 metros cuadrados acogerá una zona de restaurantes, mientras que arriba del todo se sitúa el balcón panorámico, visita gratis para los sevillanos y de pago para foráneos. La propia estructura de las «setas» es distinta a la original, metálica; el clima sevillano hizo que cambiara a madera. La pasarela de la quinta a la sexta (sobre la calle Imagen) fue eliminada del proyecto por orden del Ayuntamiento de Sevilla bajo el argumento de la seguridad. La enésima modificación.



