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Carrillo, «el gobernante más joven del mundo»

Este y otros calificativos como «figura para la historia» eran los que recibía de la prensa en noviembre de 1936, pocos días después de que se hubieran iniciado las «sacas» mortales en Paracuellos del Jarama

Día 05/01/2012 - 09.21h
Carrillo, «el gobernante más joven del mundo»

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Santiago Carrillo tenía sólo 21 años el 6 de noviembre de 1936, el día en que fue nombrado Consejero de Orden Público por la Junta de Defensa de Madrid, el mismo día que ingresó en el Partido Comunista de España y justo un día antes de que dieran comienzo las matanzas en Paracuellos del Jarama: entre 5.000 y 12.000 presos fusilados, dependiendo de los estudios, cuya responsabilidad siempre negó el líder comunista, pero que el historiador Paul Preston se ha encargado de rebatir recientemente en la revista «Ebre 38»: «Hay pruebas de peso que, aparte de ser confirmadas parcialmente por algunas de sus propias declaraciones, dejan claro que estuvo totalmente involucrado».

Carrilloera, en aquella época, un dirigente joven, un mandatario precoz que dejó caer sobre sus espaldas la sombra de unos asesinatos que, según muchos historiadores, debía conocer dada su destacada posición en el bando republicano. Sin embargo, la prensa franquista –encarnada por el diario «Arriba España», o el «Alcázar»– no le acusó a él, sino a Segundo Serrano Poncela, delegado de Orden Público de la Junta de Defensa de Madrid que se encontraba a sus órdenes.

Carrillo no fue responsabilizado por el régimen hasta su nombramiento como secretario general del Partido Comunista de España (PCE), en 1960. Y durante aquellos aciagos meses de noviembre y diciembre de 1936, la prensa republicana se deshacía en elogios hacia el chaval que acababa de irrumpir como mandatario socialista y comunista: «El gobernante más joven del mundo», le calificaba el diario «La voz» el 13 de noviembre de 1936, después de las masacres de que las masacre de los días 7, 8 y 9 de noviembre, se llevaran por delante a los primeros centenares de presos.

Carrillo, «figura para la historia»

Mientras Melchor Rodríguez, nombrado director general de Prisiones y apodado «el ángel rojo» por el historiador Alfonso Domingo, se enfrentaba a los elementos más radicales del partido para que se detuviesen las carnicerías en Paracuellos y Torrejón de Ardoz, a Carrillo le llovían los piropos en diarios como «La Libertad»: «No ha sido nunca ni concejal, ni diputado ni siquiera ministro. Hasta ahora, Santiago Carrillo no fue más que periodista y luchador esforzado de las Juventudes Socialista Unificadas. Y, sin embargo, resulta, como lo prueba su actuación magnífica de estos días, un gobernante de cuerpo entero», podía leerse en su edición del el 15 de noviembre, con un antetítulo que decía «Figuras para la historia».

Y eso que Carrillo no era un personaje completamente nuevo para los círculos políticos españoles. En 1930, con tan solo 15 años, ya colaboraba como periodista en el diario «El socialista», y se hizo cargo de la información parlamentaria en la Segunda República, codeándose con otros grandes del periodismo como Víctor de la Serna («Informaciones»), Manuel Azaña («El Sol») o Wenceslao Fernández Flores, del diario «ABC». Con 18 años, ya defendía en discursos su vertiente radical del partido socialista, llegando incluso a ser juzgado en 1933 -tal y como contó ABC en la primera vez que Carrillo es nombrado en este periódico- por uno de sus artículos, e ingresando en la cárcel, en 1934, por participar junto a su padre en la Revolución de 1934.

En 1936, una vez que Carrillo fue nombrado Consejero de Orden Público de la Junta de Defensa de Madrid, se encargó de la evacuación de los presos de las cárceles madrileñas de San Antón, Polier, Modelo y Ventas, rumbo a Valencia, ante la llegada de las tropas franquistas a los extrarradios de la capital.

«Los revolucionarios odiamos el delito»

Una «evacuación» que acabó en las consabidas matanzas, muy contrarias a la filosofía que el joven Carrillo vendía en sus discursos durante aquellos días de noviembre de 1936: «Los inermes, los prisioneros, los perseguidos están con la Junta garantizados» o «los revolucionarios odiamos el delito y compadecemos al delincuente. Por eso, el traidor, el faccioso, tendrá que temer de los Códigos, pero no de los ejecutores», aseguraba a un periodista de «La Libertad» el 15 de diciembre. O «los días que la Junta lleva trabajando –declaraba en un discurso por la emisora Unión Radio, 12 de noviembre de 1936– han servido para demostrar que la Junta no ha venido para realizar atropellos ni arbitrariedades, que la Junta no ha venido a aniquilar ninguna situación desesperada».

La misma alocución de radio, reproducida también por el diario «El Sol» o «La Voz», con la que Paul Preston ilustra una «curiosa y tal vez innecesaria declaración», que da paso a «un reconocimiento público de que se estaban tomando medidas contra los prisioneros»: «La quinta columna está camino de ser aplastada» o «todas las medidas, absolutamente todas, están tomadas para que no pueda suceder en Madrid ningún conflicto ni ninguna alteración», son algunas de las cosas que dijo en Unión Radio aquel Carrillo de 21 años de meteórica carrera política.

Se calcula que, solo en la «saca» procedente de la cárcel Modelo de cuatro días antes, más de 400 prisioneros fueron ejecutados en el Soto de Alcovea, en Torrejón de Ardoz. Carrillo ha responsabilizado siempre de aquellos hechos, que siempre dijo desconocer, a los elementos «incontrolados»: «La verdad es que yo he empezado a oír hablar de Paracuellos bastantes años después», escribía en su autobiografía, publicada en 1994.

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