Sevilla

Sevilla / foto-matón

La gamba ciclista y el dopaje político

La llamada Ciclovida, acto organizado por IU que corta la ronda histórica una vez al mes y que en esta ocasión sirvió de clausura al simposio Velocity, contó con la presencia de una docena de gambas de Mercasevilla

Día 02/04/2011 - 00.00h

Esta foto grotesca, difícil de explicar en fechas ajenas al carnaval, es la guinda final del surrealismo político de Sevilla. Es el acto oficial de clausura del Velocity, ese gran simposio sobre la revolución ciclista que Sevilla estaba pidiendo a gritos y cuyo éxito y aporte para esta tierra no se pueden medir más que con la inestimable longitud de una fuente de marisco en Bruselas. Enorme. Su descomunal interés ha quedado patente en el programa que los organizadores distribuyeron entre los miles, qué digo miles, millones de asistentes. El maestro de ceremonias del evento, Guillermo Peñalosa, se presenta como una persona que «vive en Toronto y en su tiempo libre se dedica a actividades recreativas con su esposa y sus tres hijos». Impresionante. La cita es textual. Lo juro. Y ahí va otra del preámbulo del susodicho documento: «La recuperación de la escala humana en la concepción del espacio urbano y metropolitano nos permite acariciar con tiempo suficiente el ambiente social que caracteriza a las ciudades desde tiempos inmemoriales». Eso es así, compadre. Clarito como el agua. Y ante propuestas tan trascendentes para una ciudad que tiene pleno empleo, superávit en las arcas públicas, una extraordinaria red completa de metro, vuelos internacionales con todas las capitales del mundo, grandes eventos deportivos y culturales y una clase política cuyo prestigio ha sido portada de los todos grandes rotativos, es básico conformar un ciclo de conferencias a la altura de esta urbe cosmopolita sin igual y que capte la atención de todos los sevillanos, que no hablan de otra cosa en bares, tertulias y hasta casas de hermandad desde que el Velocity se clausuró. Y es que han tenido mucha repercusión charlas como la titulada «Bebés en bicicleta y abuelas en triciclo». No es cachondeo. La dio un tal Randy Rzewnicki. Fue una de las sesiones estrella junto a ésta: «¿Qué es la bici? ¿Un coche sin motor o un peatón con ruedas?». Pero no fueron las únicas. También obtuvieron gran aclamación las conferencias «El retorno de la bicicleta en las metrópolis chinas», «La bicicleta en el ciclo de vida de las mujeres y de la ciudad de Quito», «Impacto de la edad en los hábitos activos de transporte de los habitantes de las ciudades en Eslovenia», «La bicicleta en Ruanda», «El banco de rickshaws: un rayo de esperanza para los rickshaws en India» o «El derecho a la lentitud». Sólo faltó la charla dedicada a «La gamba ciclista». Asuntos todos de vital importancia para Sevilla, paradigma de las políticas medio ambientales. De hecho, el programa del certamen asegura que «el bolígrafo que se distribuirá a los participantes es de almidón de maíz». Un detallazo.

Pero lo mejor es el capítulo de recomendaciones ecológicas. Ahí va la más gorda: «Pedir al hotel que no cambien las sábanas ni las toallas todos los días». Me pregunto yo sin en los viajes de nuestros políticos por el mundo, París mismo esta semana, o Bruselas al socaire de Mercasevilla, los muy honorables cargos públicos sevillanos se han secado con toallas sucias. Porque si es así, habrá que estudiar urgentemente si el ácido úrico es una sustancia dopante para el ejercicio de la representatividad democrática. Que, visto lo visto, me huelo yo que algo de eso tiene que haber.

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