Cada día que pasa más crece la indignación de los padres de Marta del Castillo y la impotencia ante los derroteros que está tomando el caso de la desaparición de su hija.
Ven estupefactos cómo El Cuco no solo no ha dicho dónde está el cuerpo de Marta, como ellos esperaban, sino que ya está en la calle, libre, en la propia Sevilla, y sin medida de alejamiento alguna de la familia de la joven desaparecida. A todo ello hay que sumar que una «mujer ha desaprecido en Almería han cogido a uno y ha “cantado” y nosotros estamos aquí sin saber todavía dónde está mi hija», decía ayer el padre de Marta, que no ve mal que El Cuco esté en la calle en vez de en un piso tutelado.
Tensión acumulada
Él, su madre, sus abuelos, su tíos, toda la familia lo que quiere es saber dónde está la joven, que es lo que han repetido hasta la saciedad en todas y cada una de las declaraciones que han hecho a las puertas de los juzgados tras las sesiones del juicio de El Cuco. Porque «con esa esperanza íbamos», apostilla Antonio del Castillo. «Algo ha fallado en esta investigación —destaca el padre de la chica— algo que yo no sé qué es pero desde luego no es de los policias de a pie, de la que recibe órdenes sino de las altas jerarquías y cuando en una empresa falla algo, porque eso se ve en todos los trabajos, se piden responsabilidades». A la tensión acumulada ya desde que desapareció su hija ahora se enfrenta la familia a la posibilidad de encontrase por la calle o en una tienda o en un bar a El Cuco.
«¿Qué hago yo ahora o mi mujer si lo veo? Pues no sé, no lo sé qué haría si lo tengo delante. ¿Si me voy para él, puedo alegar enajenación mental transitoria? ¿Cuánto me caería?», dice el padre de Marta temeroso «porque desconozco si podré controlarme».
Afirma que El Cuco lo primero que habrá hecho es «ir a buscar a su amiguito Samuel» y «estará por ahí no sé si trabajará en algo o estudiará no tengo ni idea pero con Samuel, el otro imputado sí que estará».
Lamenta que la ley le esté poniendo en este tipo de tesitura, «me esté obligando a ser así», y alude a la responsabilidad de los jueces.
Interrogantes
«Si los jueces asumieran su responsabilidad, otro gallo cantaría porque un tío se equivoca en su trabajo y tiene que pagar, un avión se cae y llaman a los de mantenimiento, al jefe, a los responsables de cada departamento, pero aquí, no. Los únicos que no asumen su responsabilidad son los jueces porque, ¿quién asumió la responsabilidad en el caso de Mari Luz? ¿Con una multa se arregla todo?». Éstos son algunos de los numerosos interrogantes que tiene Antonio del Castillo.
Pero el primero sigue siendo el paradero del cuerpo de su hija. Ahora queda el juicio a los implicados adultos que se espera para después del verano «aunque yo creo que entre una cosa y otra se va a poner en Navidad» y ahí «alguien tendrá que decir algo, ¿no?».


