«En Sevilla no existe problema que los sevillanos no podamos resolver». Con esta confianza inició su discurso de investidura el nuevo alcalde de Sevilla, quien tuvo palabras de recuerdo para sus cinco predecesores en el cargo: Luis Uruñuela, Manuel del Valle, Soledad Becerril, Alejandro Rojas-Marcos y el gran ausente, Alfredo Sánchez Monteseirín, al que recordó como el primero que ha estado 12 años en esta responsabilidad. Todo ello sin olvidar a un «alcalde de Triana», en alusión a Alberto Jiménez-Becerril, «al que las balas asesinas de ETA le separaron de lo que más quería. De su familia y de su tierra». Y es que los sentimientos estuvieron muy presentes en el discurso de Zoido. La esperanza, de hecho, fue uno de sus argumentos angulares, la misma con la que hace cinco años se embarcó en el propósito de «colocar a Sevilla donde merece estar». Un fin que pretende hacer realidad con un «gobierno estable, de amplia mayoría», porque «un buen gobierno —dijo— es imprescindible para que una ciudad despegue y avance». A su equipo le pidió «humildad» y a quienes ocupan los bancos de la oposición que «no bajen la guardia», destacando su labor como representantes que son también de la ciudad. «El sevillano —señaló— tiene que ser una prolongación del gobierno».
Juan Ignacio Zoido tendió su mano a otras administraciones como «alcalde reivindicativo que defiende los intereses de Sevilla por encima de cualquier otro interés», una ciudad de la que destacó algo que forma parte del ADN de sus habitantes: el talento, un potencial sobre el que centró su exposición y que ejemplificó con numerosos nombres, desde Gonzalo Bilbao o Aníbal González hasta Felipe Benjumea, Manuel Clavero, Felipe González o los responsables de la Unidad de Trasplantes del Virgen del Rocío.
«Buscar, cuidar, potenciar y atraer el talento gracias al cual Sevilla será capaz de llegar a lo más alto» son los objetivos que el nuevo alcalde se marcó, porque en época de crisis «hay que tirar del ingenio y del talento». «Debemos generar la confianza suficiente para que vengan inversores y emprendedores que serán tratados por el Ayuntamiento como un cliente de un hotel de cinco estrellas», apostilló Zoido. La honestidad, la transparencia, el respeto a la oposición, la eficacia y la austeridad en el gasto fueron algunas de las claves que citó en su planteamiento de gobierno. «Es el momento de dar el salto y recuperar a Sevilla como ciudad del talento. Hay que poner el talento —abundó— al servicio del empleo». Dentro de este contexto, aludió al papel que pueden desempeñar las dos universidades sevillanas, sin olvidar la angustia por un futuro incierto que atenaza a miles de ciudadanos y que, según indicó, «van a ser mi obsesión. Porque no hay mejor política social que la creación de empleo».
Alcalde de todos
Sin abandonar esta idea, Zoido habló de su deseo de que «la voz de Sevilla sea escuchada en el panorama nacional». Un camino que requiere «trabajo por las oportunidades perdidas y las ganadas en otras ciudades. Vamos a acortar distancia y recuperar posiciones». Entre algunas líneas de actuación, apuntó el objetivo de «moderar de forma gradual» la presión fiscal «por encima de la media de las grandes ciudades» que tiene Sevilla; conseguir «el marchamo de calidad en los servicios municipales» o la descentralización de servicios en los distritos. Del mismo modo, y desde la «absoluta lealtad institucional» que, aseguró, ofrece a la Junta de Andalucía, «gobierne quien gobierne», manifestó que va a reivindicar la capitalidad para Sevilla, al tiempo que defendió el trabajo de los medios de comunicación.
Antes de finalizar su discurso —en el que recurrió a planteamientos del filósofo Elbert Hubbard y a la primera obra de Chaves Nogales—, reiteró que el bastón de mando que ayer recibía «es y será de todos los sevillanos. El bastón de la Sevilla del talento en la que creo y por la que voy a apostar decididamente».



