El 13 de septiembre de 1959, aproximadamente a las 21:30 horas, el director del Observatorio británico de Jodrell Bank, Bernard Lovell, levantaba la mirada de la mesa de control, junto al gigantesco telescopio, y se volvía emocionado hacia los técnicos y periodistas que abarrotaban la sala: «Señores –dijo–, el cohete soviético acaba de llegar a la Luna».
La sonda, de 390 kg de peso, se estrellaba contra la Luna en el «Mar de la Serenidad»
Aquel cohete, el «Luna 2», acababa de escribir una página de oro en la historia de la humanidad al convertirse en el primer ingenio humano que alcanzaba la superficie de la Luna. Un acontecimiento que miles de personas, concentradas en los observatorios de Moscú, Manchester y otras ciudades del mundo, no quiso perderse. No era para menos, porque, como titulaba ABC en un reportaje de Torcuato Luca de Tena «¡El hombre ha tocado la Luna!», en lo que era «la mayor de la Historia».
Tal y como tenía previsto, la sonda, de 390 kg de peso, se estrellaba contra su superficie luna, en la zona conocida como el «Mar de la Serenidad», poco antes de las 21:30. El viaje había durado poco más de 36 horas a una velocidad de más de 115.000 kilómetros por hora. Y con él, los soviéticos lograban algo con lo que el hombre había estado soñando durante siglos, incluso milenios… y por lo que la URSS y Estados Unidos venían compitiendo intensamente en los años precedentes.
La conquista del espacio
El gigante comunista ganaba la primera batalla de la conquista del espacio en plena Guerra Fría. En su anterior intento por alcanzar la Luna, realizado pocos meses antes, el cohete había pasado a unos 8.000 kilómetros de nuestro satélite y se había perdido en la órbita del Sol.
La Casa Blanca manifestó que aquel hito no era «ninguna sorpresa para ellos»
Estados Unidos lo había intentado cuatro veces, sin conseguirlo en ninguna, desde que lanzara el «Pioneer I» el 17 de agosto de 1958, que terminó explotando al alcanzar los 15.000 metros de altura (el último intento, el «Pioneer IV», el 2 de marzo de 1959, se desvío de la trayectoria nada menos que 59.000 kilómetros).
La Casa Blanca se dio prisa en manifestar que aquel hito no había constituido «ninguna sorpresa para ellos»: «Sabido es que tanto Rusia como Estados Unidos son capaces de realizar tales lanzamientos», dijeron para quitarle hierro. Mientras algunos científicos ingleses aseguraban que, a pesar del hito, los soviéticos «no sabían de la Luna a esas horas más de lo que sabe Kruschev de los Estados Unidos».
La visita de Kruschev
Para la prensa internacional aquella hazaña significaba un duro golpe para Estados Unidos, y especulaban con el hecho de que la URSS había escogido la fecha en un intento de robustecer su prestigio en vísperas de la histórica visita que Kruschev iba a realizar a tierras de su histórico enemigo.
Se rumoreó que los rusos reclamarían la Luna como parte de su territorio
Las cuestiones científicas parecían estar en un segundo plano. Parecían más importante los rumores precedentes de que los rusos iban a reclamar la Luna como parte de su territorio «en el caso de que la alcanzasen con un proyectil», como contaba ABC, que el propio viaje y la importante información que de él se podría recabar: determinar si la Luna tiene campo magnético como la Tierra, con cuántos meteoritos podría tropezar una futura nave tripulada con destino al satélite, cuál era la composición y cuánta la energía de radiación de su cinturón exterior o, incluso, extraer algún tipo de información de la posible existencia de la más primitiva forma de vida.
Fue la primera misión lunar con éxito de la historia y constituía «una gran novedad que aporta una conquista histórica que sólo será superada en el Cosmos cuando un hombre ponga el pie en la Luna», decía ABC. Para aquella otra hazaña faltaban aún 10 años, y esa vez los rusos perderían la batalla.



