«Una silla ha marcado la llegada de la tecnología punta al deporte de la equitación. Se llama Talaris y es de cuero, fibra de carbono y titanio»«Hace unos 24 años que la Infanta Elena se acercó por primera vez a Hermès para encargar su silla. Antes, Alfonso XIII nos había hecho pedidos»
Día 23/09/2011
Madrid ha sido testigo del gran interés por la equitación con su concurso de saltos. Estos días le toca a Barcelona.
—La afición por este deporte no para de crecer. El contacto con los animales es maravilloso, tanto que mucha gente se está volviendo hacia la equitación para buscar la serenidad y el equilibrio. Así, en las federaciones aumenta el número de licencias y crece la cifra de inscripciones en los programas de competición.
—La tecnología, que ha tenido un gran papel en otros deportes, ¿se ha olvidado de la equitación?
—Una silla ha marcado la llegada de la tecnología avanzada al mundo deportivo ecuestre. Se llama Talaris y es una revolución por sus materiales, como fibra de carbono, espuma inyectada con memoria de forma y titanio para las piezas más grandes de metal, y por su esqueleto de diseño computerizado.
—Supongo que con el reto añadido de reducir peso.
—Un 25% menos que la media del resto de las sillas. Y a pesar de ello, es más resistente y dinámica y se mueve para adaptarse al caballo y al jinete.
—¿Qué debe tener la mejor montura del mundo?
—Una buena técnica para mantener el equilibrio perfecto entre el caballo, en la horizontal, y el jinete, en la vertical. La estética también es muy importante.
—¿Y qué puede hacer la silla para mejorar al jinete?
—Procurarle el mayor contacto con el caballo, que ambos puedan percibir perfectamente los movimientos del otro. La mejor silla es la que el jinete no siente, la que se olvida que existe.
—¿Y esas cualidades tenían las sillas que Hermès suministraba al Zar de Rusia?
—Era otra época y eran sillas de armas, que siempre hizo Hermès; pero cuando comenzó a desarrollarse la equitación como deporte se volcó en ello. Las sillas de armas tenían que ser sobre todo prácticas, por eso eran muy pesadas y con muchos compartimentos.
—Dicen que la mejor silla para la mejor caballería ligera del mundo, la de húsares, era «a la húngara», modelo a imitar hasta hoy.
—Pero nuestras sillas para la equitación deportiva tienen una construcción completamente diferente: ni la forma, ni la estructura ni el peso son parecidos. Lo único que comparten con las de armas es la calidad del cuero y la manufactura artesanal de cosido a dos agujas que se cruzan con un mismo hilo para asegurar la resistencia exterior e interior.
—Desde el siglo XIX han sido proveedores de las élites europeas, norteafricanas, americanas, rusas y asiáticas. ¿Quién les compra hoy?
—Hay una clientela muy amplia, pero sobre todo deportistas profesionales. Buscan que se hagan a medida para adaptar la silla a cada caballo y a cada jinete. En el Club de Campo de Madrid hemos hecho una para una amazona que hace doma «amateur».
—Sé que miembros de la Casa Real Española, como la Infanta Elena, forman parte de su clientela.
—Es una larga historia. Entre 1902 y 1919 nuestros talleres reciben encargos de diferentes casas reales, en especial de Su Majestad Alfonso XIII. Y hace unos 24 años que la Infanta Elena se acercó por primera vez hasta Hermès para encargar su silla, descubriendo el despacho-museo de Émile Hermès en París. También Su Alteza Real la Infanta Pilar de Borbón ha presidido el concurso hípico Premio Diane-Hermès.
—¿Cuándo le pidieron lo imposible?
—Imposible no, complicado. Un príncipe de los Emiratos Árabes encargó una pieza única. Le propusimos un diseño sobre el que pidió modificaciones. Fueron seis meses para concretar la propuesta y en total dos años para fabricar la silla, una exclusiva en nuestros talleres que nunca más se ha repetido. Luego, quiso las riendas y que la pieza estuviera adornada con piedras preciosas. Fue un proyecto muy bonito.
—Y muy caro, imagino.
—Pues sí, mucho. Pero la calidad nunca es cara.
—¿Su sueño con forma de silla?
—Una lámina de cuero, que sea lo único que se interponga entre caballo y jinete.
BLANCA
TORQUEMADA
ANTONIO
ASTORGA
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