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Triste prólogo al juicio de Marta

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Llamadas, videntes, cámaras, huesos que resultan ser de animales, alertas infundas... y el caso sigue abierto

Día 15/10/2011
Triste prólogo al juicio de Marta
FELIPE GUZMÁN
La Policía cerca del lugar donde se hallaron los restos el jueves

SEVILLA

Despavorido pero con fe salió corriendo de su casa el padre de Marta el jueves al caer de la noche.

Ni su mujer sabía hacia dónde se dirigía pero sí el motivo: habían encontrado unos restos óseos en una finca lindante con la estación del Metro de San Juan Bajo que una vidente atribuía a Marta del Castillo y que ella misma había sacado con una excavadora que había alquilado.

Hacía meses que Olga, esta mujer gallega afincada en Gandía lo venía avisando, incluso estuvo ya en el lugar con la Policía Científica, esta vez con una pala, pero tenía que ser el jueves y por la noche, a cuatro días del juicio más esperado de los últimos años y con la advertencia del Consejo Audiovisual pidiendo a los medios que eviten el espectáculo, cuando se alertara del hallazgo.

Una vértebra y un hueso largo fue lo que vio Antonio del Castillo en una foto de un móvil que le enseñaron a pie de zanja y fue también a través de un móvil cómo un mensaje del Grume le informó cerca de veinte horas más tarde que los restos eran de un animal. La Policía Científica se llevó su tiempo para analizar junto a los datos de ADN de los padres de Marta unas piezas cuya descripción no ofrecieron e incluso las llevó al Instituto de Medicina Legal para no cometer ningún error.

Y mientras tanto los padres esperando; Olga, aseverando que «los restos de Marta aparecerán hoy sábado porque es lo que ella quiere», la zona acordonada con un retén de Policía fiscalizado por curiosos, la red de redes recogiendo todo tipo de comentarios y especulaciones; y, el alcalde de San Juan, Fernando Zamora, que estuvo en el descubrimiento, aseverando que «yo no tengo nada que decir».

Como el abuelo de Marta, José Antonio Casanueva, que no ha escatimado esfuerzos y medios para buscar por su cuenta a la joven en pleno campo todo estos meses. Ayer estaba mudo y solo se limitaba a decir «¡a ver qué pasa!».

Las que sí hablan son las médium y videntes que no paran de llamar a la familia y amigos para dar pistas y ayudar. Hasta ahora ninguna ha llevado al paradero y ninguna ha dicho un detalle de la muchacha que solo conocen sus padres y que sería el signo definitivo de que «hay algo», el nombre del peluche preferido de Marta.

«Sí, ya es definitivo que son restos de animales ¿Qué quiere que le diga? estamos cansados, pero la encontraré», insiste Antonio.

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