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Dicen que la belleza está en los ojos de quien mira. En el caso de José García Perera (Huelva, 1983), el arte está en encontrarla hasta en un desguace. Ha nacido «Fósiles de metal».
Para este joven pintor, los desguaces son símbolos «de lo caduco de nuestra sociedad, son siempre desterrados, confinados a los márgenes de nuestra civilización, como si temiéramos que nos recordasen el final de nuestras obras. Estos cuadros son el mejor medio para transmitir mi fascinación por unos objetos que cuando dejan de ser útiles adquieren una entidad especial, como si ya no nos pertenecieran: una nueva vida dentro de su muerte». Con esta exposición, invita a participar al espectador y conseguir que éste experimente el viaje a un desguace a través de la vivencia de Perera en su visita a ese lugar «lejano, silencioso, donde la materia nos muestra sus infinitas posibilidades y donde el tiempo parece hacer un descanso en su transcurso».
Trece «Fósiles de metal», de títulos claros y directos: «Coche», «Amontonamiento»… Se reúnen obras de tres períodos de Perera: «Moto», «Moto II» y el tríptico «Desguace», su primer acercamiento al tema, en 2008. Las dos obras sobre papel son de 2010, y el resto, de 2011.
Su procedimiento habitual es mixto. La base suele ser la pintura acrílica, con la que lleva trabajando varios años porque «me permite una versatilidad importante». Acompañan dibujo y collage, «últimamente, imprescindible en mi obra. Tanto el collage, como el décollage y el grattage son técnicas que me permiten acercarme a ese mundo de materia vieja, oxidada y arañada que da su carácter al desguace. El hecho de incorporar algún acto destructivo en el proceso de creación me ayuda a acercarme a la destrucción que fue necesaria para que el coche, antes pulcro y brillante, acabara en el estado en que lo vemos».
Intuitivo, empieza a componer desde cuando encuentra un coche que aparecerá en sus cuadros: «Compongo sobre la realidad; antes de empezar la obra ya tengo el esquema básico en la cabeza. Luego ajusto para buscar sensaciones: lleno, vacío, inestabilidad, hundimiento…».
En Murnau, el visitante encontrará los primeros y últimos trabajos de Perera, porque «los que forman parte de mi acercamiento inicial al tema del desguace son las primeras obras de mi corta carrera que reconozco como propias». El espectador podrá apreciar la evolución, que consiste en un progresivo desapego de la realidad y en un interés más profundo en la propia pintura. Ahora, el coche desguazado es más un punto de partida que la expresión pictórica puede deformar o hacer más difícilmente reconocible. La técnica es más compleja y las capas se multiplican, buscando transmitir: «El arte de grandes ideas pero de escasa emoción no me dice gran cosa». Hasta el 27 de enero, en la galería de la Plaza San Leandro.



