No es casualidad que Los Pajaritos, La Candelaria y Madre de Dios, más conocidos como Tres Barrios, estén entre las Zonas de Especial Actuación del Ayuntamiento de Sevilla. Ya en el año 2002 estaban incluidos en los mapas de la pobreza y exclusión social de Andalucía y todavía antes, hace 22 años, figuraban en el Plan Especial de Barriadas Degradadas. Los problemas que atenazan a esta zona no son nuevos, más bien se repiten en el tiempo y se agudizan sin que se vislumbre concreción de cara a soluciones que atajen los problemas sociales que desangran poco a poco la estructura humana y económica en estas barriadas. Con un Plan Integral aprobado a nivel municipal en el año 2009 pero que no termina de llegar, la realidad diaria en estos barrios cada vez se parece más a zonas en las que la marginación ha ganado la batalla. Es más, la dura situación de crisis económica está agravando el día a día de estos barrios, a los que se suma la zona de Santa Teresa, en los que proliferan los carteles de «Se vende» y se acentúan los conflictos sociales.
Acercarse a los problemas de Tres Barrios a pie de calle es mirar de frente una realidad social compleja en la que subyace la pugna diaria entre la normalidad y la marginación, teniendo siempre presente que, todavía, la presencia de gente normalizada es mayoritaria frente a los sectores conflictivos. Andar por algunas aceras es toparse con demasiados excrementos de perro, ver árboles cortados para hacer candelas, asomarse a un patio dónde corren las ratas o encontrarse un grupo de chavales bebiendo que no te dejan pasar y además te insultan si dices algo. La falta de civismo, la ausencia de valores básicos, complican enormemente la convivencia en unos barrios en los que ciertas espirales se adueñan de las rutinas. El desempleo está haciendo verdaderos estragos porque mucha gente se dedicaba a la construcción. A esto se suman los problemas de adicciones, a las drogas pero también al alcohol, que fideliza clientes sin un euro en las barras de unos bares donde nadie le pone una copa a la esperanza. Algo similar ocurre con los jóvenes desocupados en las plazoletas.
Plazas, pisos, esquinas varias... son múltiples los emplazamientos en los que se vende droga, otra de las grandes lacras de Tres Barrios. Desde la asociación Desal, integrada por madres de toxicómanos, la trabajadora social María Aroca alerta del elevado número de casos de patología dual —drogodependencia y salud mental— en estos barrios y reivindica un Centro de Tratamiento de Adicciones en la zona. «Cuando los mandas al centro de Torreblanca acaban en otros sitios por el camino», asegura.
Deterioro familiar
La carencia de estudios básicos de un alto porcentaje de la población, los altos índices de analfabetismo, así como los problemas de absentismo escolar, especialmente en los institutos, dificultan el acceso a la formación y al empleo, e imposibilitan a muchos a acceder siquiera a los talleres de empleo en los que es necesario el graduado escolar. María José Herranz trabaja en el AES Candelaria, un centro juvenil. «En los colegios tenemos programas contra el absentismo pero hay muchos menores que se pierden del colegio al instituto», explica y asegura que «los casos de madres que recogen a sus hijos borrachas o drogadas son la punta del iceberg del deterioro familiar que se vive en la zona y que convierte la labor de los colectivos sociales en un “apagafuegos” continuo».
Las familias desectructuradas, en las que los abuelos cargan con el peso familiar en sus pequeñas pensiones o los jóvenes con hijos que vuelven a casa de sus padres tras perder los empleos, son casos que se están triplicando por la crisis y a los que unas Cáritas saturadas ofrecen una respuesta de primera necesidad.
No poder salir de casa
En muchos pisos de la zona el agua y la luz están «enganchadas», hay hasta bloques donde el agua está cortada en todo el edificio por no pagar. Otros en los que los buzones están reventados. Salvador Muñiz, de la Asociación de Vecinos Tres Barrios apunta que se han acrecentado «los problemas en tema de comunidades por morosidad, la falta de dinero para arreglar los pisos y muchas personas mayores viven sin salir de casa por falta de ascensor». Ese es el caso de Teodora Iglesia que está operada de cadera y no puede bajar del tercer piso en el que vive. «Me ducho tres veces a la semana gracias a la ayuda a domicilio de Cáritas, la verdad es que los días aquí se me hacen muy largos» dice esta anciana que sufre signos de depresión y ansiedad por no poder salir de casa. Como ella, muchos mayores de estos barrios sobreviven con una dificultad añadida pues ni siquiera pueden poner en marcha el papeleo necesario.
Los problemas de Tres Barrios no cambian, siguen vigentes y crecen
Aunque la rehabilitación de viviendas está iniciada, hay escépticismo sobre cuando será una realidad. Las carencias en espacios sociales llegan a tal punto que las parroquias, que soportan el peso de muchas acciones, es donde asociaciones, entidades y vecinos se reunen pues no disponen de centro cívico y la Unidad de Trabajo Social aprobada en el mercado de Los Pajaritos, aún no está funcionando. «Desde las parroquias hacemos un esfuerzo por ser centros abiertos y ofrecer espacios, pero también alternativas, opciones y ánimo porque nos llegan personas con muchos problemas», explica Sergio Gómez, párroco de Santa Teresa.
Los problemas de Tres Barrios no cambian, siguen vigentes e incluso crecen, pero los vecinos siguen trabajando y todavía no han perdido la esperanza.



