«Solo o en compañía de otros...». La frase que, hace tres décadas, había inmortalizado la Justicia en la sentencia contra Rafael Escobedo por el asesinato de los marqueses de Urquijo, renació el pasado viernes con toda su crudeza en el fallo que ha condenado a Miguel Carcaño por el asesinato de Marta del Castillo. Decía la sentencia, con ecos de lamento, que en este caso «lo único cierto» es la desaparición de Marta. Desde luego, es la mayor constatación, si se obvia un detalle que la flaca memoria parece haber dejado atrás: Miguel Carcaño ha sido condenado justo por el hecho crucial que determinó su detención y pase a manos de la Justicia, o sea, por haber dado muerte a Marta de un potente golpe con un cenicero en el transcurso de una discusión en la que ambos estaban a solas en el dormitorio de la vivienda de la calle León XIII.
Que luego, dentro del paquete de sus seis declaraciones distintas, llegó la doble versión de que la joven había sido violada es un hecho tan cierto como que la sentencia no deja lugar a dudas cuando recoge que no existe absolutamente nada real —físico o biológico— que demuestre la versión de un mentiroso compulsivo —manipulador, según los psicólogos—, que así intentaba, y lograba, eludir el juicio con un jurado que, supuestamente, lo habría condenado sin pestañear, habida cuenta de la extraordinaria presión mediática que rodeó, y sigue rodeando, este asunto.
La sentencia no ha satisfecho a nadie, no se sabe bien si porque, en aras a la mayor condena posible de Carcaño se insiste en dar por demostrado lo indemostrable, por muy repugnante que sea para la memoria de Marta, o porque quienes también fueron detenidos y juzgados han sido absueltos por haber encubierto un crimen del que nunca han sido acusados. Uno de ellos Francisco Javier Delgado, que jamás hubiera entrado en prisión, pese a ser condenado, por encubrir a su hermano Miguel.
La sentencia no sitúa a ninguno de ellos donde la Policía, la instrucción judicial y la convicción del fiscal dicen que estaban. Y en la mayor parte de los casos así parece haber quedado demostrado, aunque el juego interpretativo de los horarios de las llamadas de cada uno y sus movimientos provoque más de una sospecha.
Con todo, lo realmente grave es que la sentencia dé como probado que Miguel Carcaño y «el Cuco» no actuaron solos para deshacerse del cuerpo de Marta, sino ayudados por otro u otros que no han podido ser identificados, lo que equivale a dejar en el aire la gran duda de qué fue lo que ocurrió realmente aquella noche de enero de 2009 después de que Marta muriera a manos de Miguel Carcaño en el transcurso de un episodio violento en medio de una discusión entre ambos, un detalle sobre el que el fallo pasa casi de puntillas para llegar a una condena por asesinato «sorpresivo» que, a tenor de los hechos probados, amenaza con tener una relectura a menos en una instancia superior, aunque también se lleve por delante a alguno de los absueltos.



