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El alto cargo que se pasó de la raya

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El exdirector general repartía dinero gin tonic en mano y tras «colocarse»; Ahora amenaza con tirar de la manta

Día 16/01/2012 - 14.18h
El alto cargo que se pasó de la raya
EFE
Francisco Javier Guerrero, en su etapa como exdirector de Trabajo

Francisco Javier Guerrero, el exdirector general de Trabajo de la Junta que ha escandalizado a la opinión pública después de que su chófer confesara que se gastaban el dinero de los parados andaluces en «cocaína, fiestas y copas», era un personaje popular. Aunque ahora, después de verse retratado en todos los medios, lleva varios días deprimido y sin apenas salir, no es difícil encontrarle por la zona de alto poder adquisitivo de Sevilla en la que vive en un piso de alquiler. Algo más modesto de aquel en que residía hace unos meses.

Y es que la afición a los bares de copas que reveló su conductor a la Policía no era más que una manera de entender la vida que hoy sigue manteniendo en las cervecerías y locales del barrio pese a que asegura que vive de lo que gana su mujer y que está dispuesto a contarlo todo. «Como yo hable cae Griñán y cae Viera», dijo hace poco a unos conocidos una noche de copas. Guerrero, al que la Junta de Andalucía parece querer convertir en el chivo expiatorio, amenaza con tirar de la manta y cuentan que, por si acaso, tiene un montón de papeles guardados en su casa preparados para hacerlos públicos en su momento. «Tengo pruebas de todo», contó hace poco.

Pero mientras el hombre que bautizó la partida 31-L como «fondo de reptiles» se decide a hablar o es llamado por la juez Alaya, se sabe que el modus operandi que empleaba durante los años que estuvo al frente de la Dirección (1999/2008) tenía tintes grotescos. Algo parecido al de Juan Guerra y su famoso despacho en la Delegación del Gobierno. Si el hermano del que fuera vicepresidente del Gobierno hacía sus negocios tomando cafelitos, lo de Guerrero era de copa balón (con gin tonic on the rocks). «Recuerdo que fui a pedirle una ayuda para una empresa y en la Dirección General me dijeron que me fuera por la tarde al pub Caramelo», cuenta una persona que prefiere mantenerse en el anonimato. Cuando llegó al bar en cuestión se quedó de piedra. Una cola esperaba a que el director terminara de despachar sus negocios apoyado en la barra y tomando copas.

Pero la ginebra con tónica no era su única afición. Aunque ahora —dicen— está desenganchado, él y su chófer llegaron a consumir dos gramos de coca al día. Y además también les gustaba ir a un conocido asador sevillano. Y luego seguían la juerga donde se terciara. Eran los tiempos de la Dirección General cuando, además de dar subvenciones sin control, viajaban y mantenían una agenda intensa a la par que esa vida tan agitada.

Sin embargo, no todo el mundo habla mal de Guerrero. Cuando era alcalde de El Pedroso siempre tenía la casa llena de gente (entre ellos el churrero, el taquillero de la piscina y todas aquellas «criaturitas» como bautizó a los que subvencionó). Y después, en los años que estuvo al frente de la Dirección General, también hizo muchos amigos ya que, según comentan, tenía «don de gentes» aunque carecía de formación universitaria. Y le gustaba rodearse de los más humildes. Al cumplir los 50 años le hicieron una fiesta sorpresa en la Consejería. Y, cuando llegó, se negó a empezarla hasta que no avisaron a todos los trabajadores, incluidos limpiadoras y otros. También cuentan que algunas trabajadoras de su departamento lloraron el día de su despedida. O que hace poco le compró al gorrilla de la puerta de otro pub sevillano que frecuentaba los regalos de reyes para sus hijos.

Entre sus pasiones confesables está el teatro, tocar la guitarra y el piano (uno de los costosos regalos que le compró su chófer con el dinero público). Y la pintura e incluso escribir cuentos.

Ahora ya nadie le visita en su casa de la Sierra Norte a la que aún acude los fines de semana y tampoco se le conoce oficio aunque sigue con sus «trapicheos» después de que hace unos meses pidiera volver a su puesto de funcionario y amenace con irse a los tribunales ahora que la Junta lo ha rechazado. Mientras, se ha hecho unas tarjetas de visita en las que reza «el pensador». Y hace poco presumía de haber hecho un gran negocio de obras de arte y haber vendido unos cuadros. Ya no tiene dos secretarias ni coche oficial y tampoco puede gastarse 400 euros al día en droga. Lo que sí que puede es pasarse de la raya y decidirse a cantar.

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