Sevilla

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La plata robada a Las Siete Palabras asciende a casi 70.000 euros

Han sustraído las bambalinas antiguas, dos águilas y una cartela, todas de plata

Día 20/01/2012 - 18.00h
rocío ruz/vídeo: R. SÁNCHEZ/ L. ÁLVAREZ
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Los enseres robados en la madrugada de ayer a la Hermandad de Las Siete Palabras en su almacén de la calle Medalla Milagrosa, en León XIII, además de un incalculable valor sentimental y patrimonial, suponen un altísimo valor económico. Y es que las bambalinas de plata del antiguo paso de palio de la Virgen de la Cabeza —las dos laterales, la frontal y la trasera—, dos de las águilas, también de plata, del paso de misterio del Señor de la Divina Misericordia, y una de las cartelas del citado paso, igualmente de plata de ley, pueden suponer a los ladrones que perpetraron el robo una sustanciosa suma de dinero si consiguen venderlas, bien como piezas, bien habiéndolas fundido previamente. También cabe una tercera posibilidad, según explicaron a ABC de Sevilla fuentes de la propia hermandad: que sean sacadas de España y vendidas en el extranjero.

Sea como fuere, el kilo de plata de ley estaba ayer, día 19 de enero, a 855 euros. El montante de lo robado, en cuanto a peso, asciende aproximadamente a 80 kilos, con lo que los «cacos» —todo hace indicar que, habida cuenta del peso fueron varias personas— podrían embolsarse casi 70.000 euros, en concreto 68.400 euros o lo que es lo mismo, casi once millones quinientas mil de las antiguas pesetas. Y ello sólo contando con la plata como tal, esto es, sin tener en cuenta el trabajo de los orfebres.

Fuentes de la Asociación de Joyeros, Plateros y Relojeros de Sevilla precisaron ayer a este periódico que ante tal volumen de plata y, sobre todo, al tratarse de enseres de una hermandad, lo más factible es que las personas que hayan llevado a cabo este robo busquen fundir la plata para así poder venderla. La cuestión radica en que este tipo de piezas, dado su volumen, necesitan de un taller determinado, algo que no es fácil encontrar y, por encima de todo, que si a alguno llegan objetos de este tipo «se procedería inmediatamente a denunciarlo ante la Policía», por lo que no es descabellado pensar en un taller «clandestino».

Desolación

Sea como fuere, la desolación se había instalado ayer en los hermanos de Las Siete Palabras. «No os podéis imaginar cómo estamos: destrozados, abatidos... no nos lo creemos aún». Eran las palabras de un desconsolado Antonio Sánchez Padilla, hermano mayor de la corporación del Miércoles Santo, quien recibía el aviso del robo «sobre las tres y veinte de la madrugada de ayer. Cuando acudí al almacén me quedé petrificado. La puerta de acceso había sido destrozada por la parte de abajo. Se supone que entraron y abrieron la grande, que es por donde sacamos y metemos las parihuelas».

La Policía Local, que fue la primera en llegar, se encontró en la puerta reventada una de las cartelas del paso de Misterio, lo que hace pensar que los ladrones, al advertir que podían haber sido descubiertos, huyeron con lo que ya tenían y dejaron los otros enseres que, a buen seguro, tenían pensado llevarse también».

En el almacén, a media mañana, varios hermanos de Las Siete Palabras continuaban en su interior sin dar crédito a lo sucedido. «La Policía Científica vino para tomar huellas y muestras y es la que está investigando todo», añadió el hermano mayor. Precisamente, fuentes policiales señalaron ayer a ABC de Sevilla que continuaban con los trabajos de investigación.

Las bambalinas de plata —seis piezas en total, ejecutadas en 1958 y que procesionaron hasta 1997— tienen 12 metros; las dos águilas del paso de Misterio miden cada una 80 centímetros de alto por 1,20 metros de ancho, mientras que la cartela, un metro de ancho por 80 centímetros de alto. Todas las piezas habían sido realizadas en el taller de Villarreal.

La envergadura del robo pudo ser mucho mayor, ya que en el almacén se encuentran otras dos águilas, tres cartelas más del paso de Misterio, y los candelabros de cola y los varales del paso de palio. Precisamente, una de las bambalinas estaba justo detrás de dichos varales. Sin embargo, y según fuentes de la hermandad, los ladrones se llevaron los enseres que son de plata maciza, esto es, desecharon aquellos que sólo estaban revestidos de este metal, por lo que sabían perfectamente lo que buscaban e incluso no se descarta que conociesen por dentro el almacén. Ahora, todas las hipótesis están abiertas.

Las piezas no estaban aseguradas

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