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El beticismo quería darle un especial homenaje a José María Pérez Blanco, Pepe Peregil para esta Sevilla que pierde a uno de sus personajes más ilustres. Bético reconocido, le cantó muchas veces a su equipo y un fandango suyo sonó en la megafonía del estadio cuando los equipos rodearon el círculo central en señal de respeto por su memoria. Peregil se había ido el viernes y el club quería honrar la memoria de este tabernero y saetero que siempre presumió de colores verdiblancos. Sin embargo, Turienzo Álvarez siguió con su peculiar trato al Betis al quebrar el conseguido ambiente por la voz de Peregil y 36.000 almas sobrecogidas en el silencio. No sonó el himno del Centenario en versión pianística, sino que se hizo un homenaje bello y ajustado al personaje pero Turienzo no lo entendió así y dejó el minuto en pocos segundos. La grada no entendió el motivo y tras la indignación, aplaudió que en la megafonía siguiera sonando el fandango a pesar del inesperado y temprano pitido del colegiado. Y la ovación fue atronadora para no olvidar nunca a quien tras la barra del «Quitapesares» o en cualquier balcón con protagonismo de la semana Santa no dejaba a nadie indiferente.
Además, el Betis vio cómo su estrategia de abaratar las entradas para la afición visitante surtió efecto, ya que acudieron unos mil seguidores granadinistas que dejaron una buena taquilla. La intención bética era la de recaudar el máximo posible en estos tiempos de necesidades económicas y no buscó responder a los altos precios que se pusieron en Los Cármenes en el partido que estrenaba la presente temporada.



