Real Betis

Real Betis / liga BBVA | Real Betis - Granada CF

Sin balón y sin actitud no existe

Una primera parte horrorosa tumba al Betis, que ahora mira el descenso a sólo tres puntos

Día 30/01/2012 - 13.45h
felipe guzmán / vídeo: alfinaldelapalmera.com

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Real Betis
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Granada CF
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La mañana no había empezado bien. El beticismo se sobrecogía con la voz de Pepe Peregil en un fandango al club de sus amores en el instante dedicado a su memoria y Turienzo Álvarezquebraba la bella atmósfera con un pitido que dejaba el concepto minuto de silencio en un puñado de segundos. Fue el preludio infeliz de un partido malo, de los peores que se recuerda, de un Betis a quien le robaron la pelota en la primera mitad con la presión e intensidad que debe tener un equipo que aspira a la permanencia y que luego reaccionó a impulsos y sin hacer suyo un partido del que sólo se extraen lamentos y la constatación de que regresa a su liga, la que nunca ha dejado a pesar de las ínfulas de un puñado de orates que escaparon en su pronóstico de la realidad de esta competición. Sus últimos minutos de buen juego se quedaron en Barcelona, y no sirvieron para sumar. Está a tres puntos del precipicio y con cuatro equipos acolchando la distancia, cuando podría haber puesto kilómetros de tierra de por medio. Y no sucedió así. Fue un ejemplo el Granada a imitar por los de Mel, perdidos en un sistema de banda ciega e inferioridad por dentro que anduvo cortocircuitado desde que comenzó a rodar el balón y al que no se enganchó hasta la aparición de Pozuelo y ni siquiera su vivacidad bastó para que los primeros puntos en juego de la segunda vuelta se quedaran en casa. Mira de nuevo el Betis a los puestos de descenso, meta sempiterna y que nunca ha de dejar de estar presente para evitar ensoñaciones fuera de lugar e inoportunas.

Tiene el Betis lo que tiene y ayer contaba Mel con todo su plantel sano. Incluido Paulao, que visto lo visto debe empezar a jugar ya. Lee muy mal el grupo verdiblanco esas derrotas con sabor a victoria que endulzan la autocrítica. Cayó en Barcelona y no estuvo nada bien en el derbi pero aparecía ante el Granada como montado en una ola de resultados positivos. Error de concepto. Tras la derrota de ayer lleva uno de nueve y ahora viaja a Mallorca. Cuidado. Con la gorra no se salva nadie. Queda tiempo para rachas malas y buenas, para baches y alegrías, para campanadas y tropezones. No hay espacio para relajarse. Si lo haces, en Primera te gana el Granada con entrenador nuevo y saliendo de un ciclo pésimo.

Tirar la primera parte no es algo nuevo en este Betis. Le sucedió en Getafe, ante el Córdoba, en el derbi, en varios minutos en el Calderón, fue inferior en Pamplona... Hace tiempo que los arranques no son lo mejor. Mel había apostado por Salva Sevilla y no le salió bien. La superioridad visitante se vio por el centro y en la posesión. Y en la actitud. Imperdonable esto último. El balón quemaba en los pies béticos y el Granada se crecía con la presión alta y la imprecisión local. No tenía muchas ocasiones el bloque de Abel pero marcó pronto y el nerviosismo llegó a la grada, que tampoco fue ejemplar en su apoyo puesto que nunca sostuvo ni aupó al equipo. El gol de Ighalo tras una buena arrancada de Martins repartía méritos y dejaba cariacontecidos a los muchos seguidores que se habían acercado a Heliópolis para disfrutar de un sol apacible y de una sombra polar. A los 25 minutos pintaba tan mal el asunto que Mel mandaba a calentar a Pozuelo, Molina y Cañas. Utilizar a Salva Sevilla como falso extremo sólo es válido si se tiene la posesión de la pelota y se genera superioridad por dentro. El Granada ganó todos esos metros y desactivó al Betis, que sufría una barbaridad por los laterales y era franqueable por el centro, en una mañana aciaga de Mario, sobre todo, y Dorado, aunque muy expuestos por la incierta movilidad de Iriney y la poca presencia de Beñat.

Turienzo torpedeaba a lo suyo, con faltas mal repartidas y una forma física terrible. El Betis no le cogía el gusto al partido y firmaba una primera parte digna de bronca. Así lo entendió la grada, molesta con los suyos y con una fase de dominio tremendo del Granada. Eso sí, no se traducía en ocasiones esa superioridad, puesto que de tres disparos sólo hicieron dos goles. El segundo fue un mazazo, puesto que una salida alocada de Mario convirtió a la retaguardia bética en una línea Maginot. Picó el balón Martins para Jara en un contragolpe y todo pintaba para que Casto atrapara la pelota en pugna con el argentino pero la indecisión del portero alimentó la oportunidad. El miedo de Casto a hacer penalti facilitó que Jara le sorteara y buscara un definidor. Lo encontró en Martins y el 0-2 llegó rodeado de silbidos y murmullos, preludio de la bronca tremenda al descanso.

Pozuelo dinamita el choque

La opinión del público fue digerida en el descanso por Mel. Pozuelo iba a cambiar el partido. Mel estuvo tentado a castigar a Salva Sevilla antes del pitido del árbitro, pero hubiera sido cruel señalar a uno ante el desastre colectivo y propio. Con el trianero, eso sí, el escenario cambió. También fue otro el Granada. El balón ya era bético y la vibrante puesta en escena de Pozuelo inspiró al Betis, que robaba la pelota y pisaba el área de Julio César. Iriney y Beñat se contenían para marcar su línea y Juanma era un estilete de verdad por la derecha. Las combinaciones de Pozuelo y los centros del extremeño no encontraban remate en Santa Cruz y Mel sacrificó a Rubén Castro para probar con las dos torres. Jorge Molina saltaba al césped y poco después lo hacía Jonathan Pereira. A la tremenda, el Betis cavaba su propia tumba. Tener más delanteros no significa atacar mejor. Juanma retrasaba su posición al lateral y el equipo perdía una de sus conexiones. A Pozuelo, el mejor, lo volvían loco con tanto cambio de sitio y él mismo se precipitaba con decisiones que estropeaban sus arrancadas.

Molina y Pozuelo tuvieron el gol y Pereira dio cierta ilusión con su picardía tras error del meta visitante. El partido parecía un calco del de la Real, cuando el Betis empató gracias al gallego un 0-2 adverso. Sin embargo, no hubo siquiera lugar para la ilusión, congelada en Heliópolis por la reacción inconclusa de un equipo que no apretó lo suficiente. Tenía, al menos, un punto ahí, a la mano, y no lo agarró. Se escapó el choque por el desagüe del cronómetro sin que Julio César sufriera ni la grada vibrara. Suspenso para todos. El quiero y no puedo fue una letanía sin fútbol de la que sólo se salva que pudo ser peor: el goal average está empatado. El Betis regresa a la liga de la que nunca se marchó a pesar de distanciarse. Su meta es eludir el descenso, la única que puede alcanzar. Ahora vuelve a estar a tres puntos y sólo le queda mejorar. Ganarle al Granada significaba liquidar a un rival soñando con otras ligas y la única satisfacción tras la derrota es empatarle el goal average temiendo el descenso. Las lecturas lo dicen todo. Tropieza cuando se cree otra cosa, no le quedan bien trajes de otros. Humildad, que no falte.

Ficha técnica del partido

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