La esquina de la calle Don Remondo con Cardenal Sanz y Fores, donde el 30 de enero de 1998 fueron asesinados Alberto Jiménez Becerril y su esposa, Ascensión García Ortiz, acogió ayer, por décimocuarto año consecutivo el sencillo homenaje que Sevilla rinde al matrimonio caído bajo las balas de los asesinos etarras por la simple razón de «defender la libertad y la democracia», tal y como se encargó de recordar el ministro del Interior, Jorge Fernández, con cuya presencia tanto en la misa funeral como en el acto a pie de calle se ha roto este año la significativa ausencia que durante los años anteriores habían mantenido los responsables de Interior del anterior Gobierno socialista.
No fue, sin embargo, la voz del ministro la que se alzó en el lugar donde fue perpetrado el atentado, sino la de Teresa Jiménez Becerril, hermana del concejal asesinado. Y lo hizo con tanta brevedad como contundencia para reclamar que la memoria de Alberto no se pierda, porque, dijo «ahora más que nunca necesitamos combatir el olvido que quieren imponernos», en referencia a quienes intentan hacer tabla rasa con la memoria de las víctimas del terrorismo etarra.
«Aquí estamos —dijo—, sin pancartas, sin consignas, sólo con la razón, la moral y la dignidad» para decir «un rotundo y sereno no a ETA, a la impunidad, a la amnistía, a la independencia, a las excarcelaciones y a los beneficios penitenciarios».
Porque —añadió la hermana de Alberto Jiménez Becerril—, «a los terroristas no les debemos nada. Son ellos los que nos deben a nosotros, y nos deben la vida de Alberto y Ascen».
«Fueron asesinados por mantener la llama de la paz»
Desde el dolor y la firmeza
El acto, que había arrancado con un responso por parte del arzobispo de Sevilla, monseñor Juan José Asenjo, concluyó con la intervención del alcalde, que definió aquel punto de Sevilla en el que cada año se rinde homenaje a Alberto y a Ascen como un lugar de encuentro y recuerdo de dos personas de bien cuya memoria se mantiene viva «desde la serenidad, la tranquilidad y la sinceridad; con dolor —añadió—, pero con firmeza».
Zoido consideró imprescindible el mantenimiento de actos como el que se celebraba en ese momento, porque así, dijo, se mantiene vivo el recuerdo de Alberto y Ascen, y también «el legado que nos dejaron».
En el mismo sentido, el alcalde mostró públicamente su orgullo porque «catorce años después seguimos unidos en el recuerdo de dos grandes servidores» que fueron asesinados «por mantener la llama de la paz».
Por ello, Juan Ignacio Zoido consideró que Sevilla debe poner toda su energía e ilusión, «no desde la venganza, sino desde la esperanza, al servicio de la memoria del matrimonio asesinado «aquella terrible noche».
Arropar a la familia
El alcalde se refirió en este punto a la Fundación Alberto Jiménez Becerril, de la que dijo, siguiendo la idea que había expresado días atrás, que es la llamada a «recuperar la posición que tenía en el pasado» para mantener los valores que defendían y en los que creían Alberto y Ascen; unos valores cuyo mejor garante, en palabras de Juan Ignacio Zoido, es la propia familia del concejal asesinado, «que debe recuperar la posición que tenía en la defensa de esos valores».
En este punto se refirió al hijo de Alberto y Ascen, recientemente llegado a la mayoría de edad, de quien dijo que debe abanderar desde la Fundación «la defensa de la memoria de sus padres». Por ello, al alcalde aludió a los hijos de Alberto y Ascensión, a la vez que lanzaba un llamamiento para reclamar que «se haga todo lo posible para que ninguno de ellos se sienta nunca solo».
Las palabras del alcalde pusieron punto y final a un acto multitudinario cuyo prolegómeno había sido la misa funeral oficiada por el arzobispo de Sevilla en recuerdo del matrimonio asesinado, un multitudinario oficio religioso que en esta ocasión tuvo como escenario la iglesia del Sagrario, debido a las obras de restauración que se están llevando a cabo en la Capilla Real de la Catedral.



