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Reapareció en la Copa frente al Barcelona, tras cuatro meses de calentamiento en los boxes de Valdebebas. Su titularidad en el partido de ida (1-2) sorprendió hasta a sus compañeros. Mourinho le introdujo en el once porque había planificado una estrategia totalmente defensiva y estaría arropado por Ramos, Pepe, Lass y Xabi. Protegido, Ricardo funcionó bien. Hizo valer su experiencia. Su dureza. Su firmeza. Después, volvió a la reserva.
No estuvo en el encuentro de vuelta en el Camp Nou. Regresó al equipo diez días más tarde, frente al Zaragoza, en el Bernabéu. Se auguraba que el colista no crearía problemas al líder. Los provocó. El Real Madrid lo pasó mal durante el primer tiempo. El gol de Lafita dejó en evidencia las carencias defensivas de Marcelo y la falta de velocidad de Carvalho. Los años no perdonan. El central tiene 33 y ha perdido el «reprise». Mourinho lo ha descartado para el partido de Getafe. Solo lo utilizará en ciertos encuentros en casa.
Su viejo líder de la defensa, el que mandaba en el Oporto y triunfó en el Chelsea bajo sus órdenes, ya no mantiene aquel nivel. Vivieron juntos grandes momentos. Ahora, en el trayecto hacia abajo de su carrera, no puede rendir a esa altura. Ley de vida. Carvalho debe entenderlo. No lo asimila bien. Siempre fue titular.


