La muerte de once personas, entre ellas los integrantes de un retén de bomberos, en el término de La Riba de Saélices, en la provincia de Guadalajara, auspició en 2005 la creación de una unidad del Ejército destinada específicamente a intervenir en casos de catástrofes. Nacía así la Unidad Militar de Emergencias. Seis años después, aquel embrión cuenta con casi cuatro mil miembros, procedentes de las distintas armas del Ejército, que se distribuyen por toda la geografía nacional en cinco Batallones de Intervención en Emergencias (BIEM).
Uno de ellos, el BIEM II, está establecido en la base de Morón de la Frontera. Se sigue así la filosofía de que estas unidades de emergencia, capaces de movilizar una primera oleada de recursos en quince minutos, estén situadas junto a bases aéreas, lo que facilita, en un momento dado, la proyección del material susceptible de un envío aéreo al punto de emergencia que lo requiera. Y ello porque aunque cada BIEM tiene asignada una determinada porción del territorio nacional, en las grandes catástrofes pueden ser varios los batallones que aúnen sus medios, como ocurrió el pasado año con motivo del terremoto que asoló la localidad murciana de Lorca.
En el caso de Sevilla, lo que pocos meses después de la creación de la UME era una simple avanzadilla de ocho o diez militares se ha convertido hoy en un batallón integrado por más de medio millar de personas, de las que alrededor de doscientas se encuentran integradas en dos Unidades de Intervención en Emergencias (UIEM) desplegadas en las bases de Los Rodeos (Tenerife) y Gando (Las Palmas).
La base sevillana, de la que, además de las Islas Canarias, también dependen las ciudades autónomas de Ceuta y Melilla, cuenta hoy con unas modernas instalaciones que ocupan una superficie aproximada de 40.000 metros cuadrados en los que se levantan tanto edificios de mando como administrativos, así como cocheras para los diversos medios disponibles y sus correspondientes talleres. Asimismo cuenta con un «edificio de alerta» en que permanentemente está disponible un retén de alrededor de treinta personas capaz de activarse en un cuarto de hora, para convertirse en una avanzadilla que valore la gravedad de la situación a la que son enviados, de manera que puedan ponerse en marcha las sucesivas oleadas de medios.
Una de las principales bazas con que cuenta la UME es el permanente adiestramiento de sus miembros, con especial atención a los riesgos más significativos de cada momento. De tal suerte, en invierno se pone especial énfasis en las eventuales catástrofes en zonas de nieve, mientras que en verano la preocupación son los incendios forestales. Esa permanente formación se traduce también en la adecuación a todo tipo de intervenciones con la sola excepción de los riesgos tecnológicos (tipo Fukusima), una especialidad que aún está por desarrollar.
La base sevillana de la UME se encuentra entre las más demandadas por los miembros del Ejército que pretenden integrarse en sus filas, hasta el punto de que la media de peticiones por plaza es de unas 16, aunque ha habido casos de 160 peticiones.
En estos momentos, la base sevillana de la UME está pendiente de la certificación que le permitirá actuar en escenarios internacionales.




