—Fernando Vaz, capitán de los Armaos de la Centuria Macarena. ¿Cómo le suena?
—A un alto honor. Procuro no pensar demasiado en ello, aunque no puedo evitarlo, sobre todo para alguien que siente muy en lo hondo formar parte de la Centuria. Mi padre me solía decir que el emperador Julio César tenía a su lado a una persona que le decía siempre: «Recuerda que sólo eres un hombre». Es una gran responsabilidad que espero desempeñar de la mejor manera posible.
—Supongo que cuando uno entra a formar parte de la Centuria, aspira a llegar a este rango...
—En mi caso no, porque pongo por delante mi condición de Armao y macareno. He estado siempre en la hermandad, que es mi segunda casa.
—¿Cuándo entró a formar parte de la Centuria?
—En 1994. Pude entrar gracias a que se produjo un relevo generacional importante que permitió que entrásemos unos cuantos. Tenía 19 para 20 años. Recuerdo la alegría en casa, sobre todo de mi padre, que me ha enseñado todo lo que tiene que ver con la Hermandad de la Macarena. Ver la sonrisa de mi padre...
—¿Qué recuerdos tiene de aquel Jueves Santo?
—Recuerdo todo. Desde que empezó mi madre a vestirme hasta que entró la Esperanza el Viernes Santo en la basílica. Todos los días me acuerdo de que soy Armao.
—Su nombre se une al de otros que forman parte de la historia de esta Centuria.
—Es un honor poder vestir el uniforme de capitán que antes que yo llevaron personas como Franco, El Melli, El Pelao, José García... nunca he tratado de compararme con ellos porque hablamos de nombres míticos en la Centuria. Lo único que aspiro es a no defraudar a nadie.
—La Centuria ha evolucionado conforme lo ha hecho la sociedad y se ha adaptado a cada época.
—Por supuesto que sí. Hay que tener en cuenta que antes la cantera de los Armaos estaba en los mercados, en los puestos del mercado de la calle Feria. Ahora, la Centuria está conformada por universitarios, profesionales liberales... lo importante de todo es no perder la esencia ni renunciar a nuestras señas de identidad.
—Los Armaos forman un grupo de personas muy conjuntadas.
—Tenemos una grandísima actividad a lo largo de todo el año. Nos reunimos todos los meses y colaboramos de manera activa con todo lo que realiza la Hermandad, caso de la asistencia social y las convivencias. Somos una gran familia. La Madrugada en la consecuencia de lo que hacemos durante todo el año.
—Es de suponer que la lista para ser Armao será larga...
—Hay que distinguir entre la lista administrativa, en la que hay unos 200, con la realidad del día a día. Nuestras reglas lo dejan muy claro: el compromiso con la Hermandad. Ser Armao es una condición, una etapa más de la Hermandad. Puedo decir que aquel que verdaderamente se compromete con todo ello, al final consigue ser Armao.
—¿Ha pensado mucho en lo que será la próxima Madrugada, cuando esté por vez primera vez al frente de la Centuria?
—Pocas, porque he tenido mucho trabajo. Pero cuando lo he hecho, me he acordado de mucha gente, de lo que han confiado en mí y espero que cuando llegue ese momento, todo el trabajo realizado hasta ahora se pueda ver reflejado.
—¿Se queda con algún momento desde el Jueves Santo hasta el Viernes Santo?
—Me quedo con cuatro: cuando me visto, que es algo único y diferente; la visita a la basílica de San Lorenzo, por lo que se vive y por quien mora en ella; el tercero es algo muy nuestro, de los Armaos: cuando damos las dos vueltas de despedida alrededor del Misterio del Señor de la Sentencia. Y la cuarta, ver llegar a la Virgen. Ahí ya es el momento sublime.
—¿Qué le parece la colección sobre la Centuria Macarena que ofrece ABC de Sevilla a partir del próximo domingo?
—Me ha sorprendido muchísimo por la minuciosidad de todos los detalles y el altísimo nivel de precisión de todas y cada una de las figuras. Se pueden ver las distintas partes del uniforme de manera extraordinaria. Me parece una obra magnífica con un gran terminado porque no se escapa nada. El que es cofrade le gustan los Armaos y estoy seguro que le va a gustar esta colección de ABC.



